1/4/2005 09:54:56 AM|||paaq|||1. Abre el Paint y traza con el lápiz una línea en el mapa. Una línea irregular, de cinco a diez centímetros, sobre la tierra firme e iluminada. Asume que en el pequeño universo que hay dentro de cada pixel sucede una enorme tragedia al paso del cursor. Las casas caen sobre sus habitantes, se abren enormes agujeros en la tierra, el agua arrasa los restos. Cada píxel dibujado será borrado, pero los contiguos ni siquiera notarán la diferencia.
2. Ahora dibuja un círculo relleno, poco mayor que el propio cursor, en cualquier parte del mapa. Si cae en el mar, vuelve al punto 1. Los píxeles dibujados en este caso están todos juntos, en una misma zona, tal vez en un solo país.
3. Expuestas las diferencias entre terremoto y tsunami, un paso más allá: los ciudadanos de la mayor parte de las zonas iluminadas en azul o blanco desean vivir en las zonas verdes. Los de éstas, a su vez, desean olvidarse de vez en cuando del color verde, incluso del amarillo o rojo, acudiendo al turquesa de las playas. Nunca al negro.
4. Una zona negra se extiende entre los deltas del Tigris-Éufrates y del Indo: es Irán, el país más antiguo del mundo, uno de los más jóvenes. Allí dibujaron un pequeño círculo exactamente un año antes de la línea que ha recorrido las costas del Índico oriental.
5. No tengo ni idea de cómo maneja la tragedia la cultura islámica. Frente a la resignación católica o la abulia africana, dos países musulmanes como Indonesia e Irán nos ofrecen la posibilidad de descubrirlo. Ninguno de ellos es árabe, cuando ya parecíamos habernos olvidado de la multiculturalidad del islam. Irán tiene su propia rama religiosa desde el comienzo y profesa oficialmente una antioccidentalidad semejante al orgullo del pobre; Indonesia se vende a los ricos: vende a sus niños, ya sea para sexo o para fabricar balones, vende sus playas, su sol, su agua y su aire.
6. Cuando el píxel de Bam quedó arrasado, el de al lado estaba exactamente igual. Y el de más allá. Los supervivientes podían caminar horas en busca de atención médica, techo, comida y agua, para acabar en el mismo lugar: rodeados de ruinas, en un píxel muerto sin hospitales, comida ni agua.
7. Los occidentales no sabemos qué pasa dentro de Irán, pero conocemos muy bien las costas del Índico. El caminante iraní recorre las ruinas entre montañas sintiéndose la última persona viva; pero está muerto para nosotros, los ricos con helicópteros y médicos. Un año después, asistimos las costas asiáticas con portaaviones.
8. No conocemos a los iraníes. Su gobierno no puede ofrecer nada a los nuestros. Viven entre montañas desérticas, pasando frío en invierno y calor en verano. En cambio, conocemos perfectamente a los indonesios: son serviles, sonrientes y hacen lo que sea por diez dólares. Además, viven en unas preciosas playas de aguas cristalinas en las que siempre es primavera.
9. Hay quienes ven una clara conexión entre las maldades que le hace el hombre blanco a la naturaleza y la destrucción de la infraestructura turística sudasiática. Arrasamos bosques, envenenamos el agua y el aire, por tanto, la Naturaleza con mayúscula se cabrea y nos la devuelve, ¿no? Pues no. Un terremoto, por ahora, no admite influencia humana. A las placas tectónicas no les va a afectar que mañana cojamos todos el coche. Un terremoto es tan inexcrutable, imprevisto y omnipotente como una gigantesca línea al azar sobre un mapa del mundo que nos borra, píxel a píxel.|||110482900153165926|||