31.10.04

-Hola. Soy el vecino de enfrente...
-Sí, hola.
-Nos estamos pelando de frío y nos preguntábamos cuándo se enciende la calefacción en esta comunidad.
-El uno de noviembre.
-Ah. Eso es mañana.
-No sé. Sí.
-¿Es una tradición, un dogma de fe? ¿El frío no influye en la decisión?
-No, se enciende el uno de noviembre... lo dice el ayuntamiento.
-¿El ayuntamiento?
-Sí.
-¿El de Madrid?
-Sí.
-¿El ayuntamiento de Madrid obliga a sus ciudadanos a pasar frío por ley?
-Supongo.
-Y... ¿la gente no protesta?
-Oye... estoy viendo la tele... si no te importa...
-Oh, lo siento. Feliz frío.

-Pues no va el tipo y me dice que la calefacción se enciende el uno de noviembre.
-¿Exactamente el uno de noviembre? ¿Todos los años?
-Eso dijo.
-Joder ¿Y si hace frío un mes antes?
-Pues a pasar frío un mes, supongo.
-Tu edificio es raro.
-No, si me dijo que lo manda el ayuntamiento.
-Qué dices.
-Sí.
-¿Todo Madrid enciende la calefacción el mismo día?
-Eso dio a entender.
-Pero... ¿me estás diciendo que ahora mismo tres millones de personas están pasando este frío?
-Bueno, las que tengan calefacción central.
-Pero eso es imposible. Los viejos se mueren congelados.
-Ya.
-Y luego se ponen violetas y rígidos.
-Y el día que se enciende la calefacción se derriten y manchan el parqué.
-Chamberí...

-Me muero de frío, joder. No puedo ni cagar ni dormir.
-Ánimo. Mañana es uno de noviembre.
-¿Cómo? ¿Te sabes el cuento?
-Sí, claro. En Madrid se enciende la calefacción el uno de noviembre. En mi casa, de toda la vida, vaya.
-Pero tío.
-Lo dice el ayuntamiento.
-Pero tío. Tú no. Cómo va a decir el ayuntamiento cuándo se enciende la calefacción.
-Nunca me lo había planteado, la verdad.
-¿Todos los años pasas una semana compungido de frío y no te lo planteas?
-No.
-Joder.
-Eres tú, tío. Te estás volviendo un liberal.
-Lo que me estoy volviendo es un estupefacto.





23.10.04

-Cuando tenga setenta años quiero ser judío y vivir en Brooklyn.
-Yo quiero tener setenta años. Maldita regla.
-Y llevar guantes de lana.
-¿Vas a convertirte?
-No sé, ¿cómo se hace uno judío?
-Creo que tienes que convencer a un rabino de que quieres serlo.

-Ensayemos.
-Hola, quiero ser judío.
-¿Ah, sí?
-Eh... sí.
-¿Por qué?
-Uh... porque... me he leído la biblia y... bueno... el antiguo testamento me ha gustado...
-Hazte evangélico, muchacho.
-Mierda.
-Chico, tienes que ser mas persuasivo.

-Eh... señor rabino.
-¿Sí?
-Es que... además... el nuevo testamento no me gusta nada.
-Ah. Eso está mejor.
-Pero nada, ¿eh? O sea, que no hay quien se lo crea.
-Bien, bien.
-Y... e Israel... un sitio estupendo.
-¿Te gustaría ir allí a vivir?
-Eh...
-Sólo son tres años de servicio militar.
-Me... encantaría. Me gustan las armas. Lo que sea por Israel.
-No hay quien se lo crea.
-Ya.
-Tendrás que aparcar tu sueño infantil.
-Bah. De todas formas, no me gusta el ajedrez.

(Dos notas sobre este post: el ajedrez como tema personal y que la palabra Israel es antiergonómica de escribir en un teclado qwerty)





14.10.04

Mi nuevo teléfono tiene melodías polifónicas, y juegos, y admite imágenes en colorines. Tiene texto predictor e infrarrojos. Mi viejo teléfono, muerto durante una conversación extremadamente romántica, no tenía nada de ello.

Mi nuevo teléfono tiene más cobertura, y más batería. Es algo más pequeño y bastante más ligero. No me acostumbro a que la boca quede tan lejos del micrófono o a que ocupe en el bolsillo menos que el paquete de clínex. Las teclas, dos más que en el viejo, se me hacen algo pequeñas. En su flamante pantalla polícroma no se ve nada a no ser que se active la luz.

Mi nuevo teléfono es azul, y no me gusta. Nunca me planteé la estética del anterior, porque no podía cambiarla. Pero ahora pienso en comprar una cáscara de teléfono blanca.

He intentado aficionarme al único juego que trae de fábrica: uno de ajedrez. De pequeño jugué mucho al ajedrez. Seguramente poco para los estándares de un jubilado moscovita, pero debí disputar mis buenas trescientas o quinientas partidas. Lo sensacional es que no recuerdo haber ganado una sola. Ni una. No sé qué se hace para ganar, soy disléxico para el lenguaje del ajedrez. Así que mi teléfono nuevo me tortura con un juego al que jamás le ganaré.

Pareciera que mi teléfono se toma demasiado en serio su imagen. Sus líneas suaves denotan que es caro. Y lo es, para no tener cámara ni bluetooth. Es apreciado socialmente cuando lo saco del bolsillo. Mi móvil es un triunfador según los estándares neoliberales.

Yo le pregunto por qué no podemos ser amigos. El maldito aparato me recuerda que es sólo un canal comunicacional.





11.10.04

-Moquera incontrolable.
-Ahá.
-Dolor de cabeza.
-De nuca, sí.
-Cansancio generalizado.
-Como si me hubieran dado una paliza.
-Dolor de garganta.
-En efecto.
-Sensación de ir fumado todo el día.
-Justo.
-Amigo mío... tiene usted gripe. Enhorabuena.
-Oh. Sensacional.

-Va usted a atravesar un período fecundo en relación a su creatividad.
-Magnífico.
-Le recomiendo tener a mano papel y bolígrafo. Y reservar siempre fuerzas. Le van a hacer falta.
-Procuraré.
-Serán unos tres o cuatro días... Insisto, reserve fuerzas y mentalícese: va usted a pasarlos solo. Más solo que el Conde de Montecristo. Tenga siempre agua a mano, papel higiénico...
-¿Una grabadora?
-No estaría de más. Recuerde en todo momento que su yo sobrio interpretará las alucinaciones de su yo griposo. No coarte su imaginación, pero esfuércese en describir lo que siente.
-De acuerdo.
-No pida ayuda. Quéjese, pero no pida ayuda. La soledad es un síntoma de la gripe. O la gripe de la soledad... no está claro.





4.10.04

-¿Cómo estás?
-Sabes que odio esa pregunta.
-Es retórica... casi siempre.
-Pero es que no puedo verla como retórica. Es como cuando voy por la calle y una puta me dice "¿te la chupo?"
-¿Por qué calle?
-Claro, yo pienso "tranquilo, sólo está procurándose los garbanzos". Es... como si el panadero te pregunta si te vas a llevar un bollito.
-Pero eso te lo pregunta después de pedirle la barra, degenerado.
-... por otra parte... Coño. Es que me está diciendo si quiero que me la chupe ahí mismo.
-Eh...
-Está apelando a lo más bajo de mí. Claro que quiero, siempre. Joder, soy un hombre.

-Oye.
-¿Qué?
-No era retórica. Quiero saber cómo estás. No te la voy a chupar.
-Ah... bien. Creo.





2.10.04

si como jesucristo
yo no soy tan santo
mírame jesusito
yo sólo llevo un clavo