11/24/2004 03:37:46 AM|||paaq|||El hombre que tenía una ciudad en la cabeza me contó que le costaba dormir por las noches.

-¿Es por el ruido? -pregunté.
-Oh, no, es una ciudad tranquila. El problema son los edificios... demasiado altos. No puedo colocar la almohada contra el cabecero, así que me cuelgan los pies.
-A mí me gusta dormir con los pies colgando.
-A mí no. Me duelen los tobillos.

Me hubiera gustado preguntarle más cosas al hombre que tenía una ciudad en la cabeza. Pero tuvo que irse a no sé qué al banco, y no pude verle hasta pasadas unas semanas. Por entonces, ya me corroía la duda: ¿cómo se llamaba la ciudad?

-No sé -respondió -. Nunca me lo he planteado.
-Todas las ciudades tienen nombre.
-No tengo necesidad de diferenciar a ésta de las demás ciudades del mundo. Sólo tengo una ciudad en la cabeza. Cuando sólo existía Jericó, la gente no decía "eh, voy a Jericó". No había más ciudades.
-Dudo mucho que Jericó fuera la primera ciudad de la humanidad.
-¿Por?
-Bueno... supongo que si hubiera una ciudad más antigua que Jericó pero que no saliera en la biblia... estaría en desventaja. La gente seguiría nombrando a Jericó como la más antigua.
-Pues yo supongo que hace diez mil años no la nombraban.

El hombre que tenía una ciudad en la cabeza estaba incómodo conmigo y se levantó para irse. Me sentí tonto. Al fin y al cabo, había hablado con arrogancia de un tema muy íntimo para él. Cuando, después de enrollarse en la bufanda verde, se puso el sombrero, pude atisbar por un momento cómo se encendían las farolas en la ciudad.|||110126500677777123|||