7/6/2004 02:34:59 AM|||paaq|||Nos miramos desconcertados.
-No puede ser.
-Escucha.
-No puede ser.
Y salí al balcón, me asomé... a las dos y media de la noche, se encendían tímidas luces en las ventanas, toda la calle abajo. Extendí los brazos y me empapé de agua, me mojé la cara, me lamí las manos. Procuré fundirme con la lluvia que era una masa líquida ocupando el espacio del aire recalentado y mil veces respirado por pulmones y motores.
-Es un milagro.
Madrid despertaba de rayo en trueno, iluminada nítidamente, agitada por un ruido sordo más subterráneo que celeste. De repente, la silueta blanca del edificio de la esquina; subiendo, el rugir rugir rugir. Y a cada trueno, se derrumbaba una torre de hastío, de hartazgo; me sentía despertar.
En el aire quedó un olor a barro húmedo que aspiré hasta marearme.|||108907415924413724|||