6/6/2004 05:39:36 AM|||paaq|||Ha muerto Ronald Reagan.
Tienes que haber sido niño en los 80 para comprenderlo. Eran los cinco jinetes del apocalipsis: Reagan, Gorbachov, Tatcher, Michael Jackson y el Papa. Y Ladi Di. Esto es como los Beatles, que sólo quedan dos. Porque el Papa no cuenta.
-Y Madonna.
-Vamos anda, me vas a comparar.
Había sólo dos cadenas, y hasta el 88 no emitían todo el día. Fuimos la primera generación de críos que nos criamos en casa. Así nos va con las alergias. Crecimos con consolas y tele en cantidades industriales. Y vídeos. Cintas cutresalchicheras que, ojo, no reproducían la cartelera del cine de hacía seis meses. Tenían vida propia. Normalmente a base de tipos sin camiseta que se infiltraban en campamentos paramilitares tailandeses o nicaragüenses, mataban a docenas de personas y todo empezaba a explotar. De vez en cuando, un ninja para darle color al asunto.
Detrás de todo, Ronald Reagan.
-No tío, detrás de todo, el Papa.
-No, coño. El Papa está por encima.
-Oh, claro.
Detrás del todo, decíamos, Ronald Reagan. El primer martes después del primer lunes de noviembre de 1980 venció a Jimmy Carter tras una dura campaña de denuncia de la situación económica y un terrible acoso sobre la crisis de los rehenes de Irán.
Un año antes, en un país muy lejos de Illinois, patria chica de nuestro personaje, vivían millones de personas de piel oscura y lengua rara. Las gobernaba un rey sabio y bondad... bueno, las gobernaba un pequeño sátrapa subvencionado por occidente. En Estados Unidos era considerado como el antídoto a las repúblicas islamistas que comenzaban a proliferar por el Golfo Pérsico, alentadas por el dinero del petróleo que la dictadura wahabista de Arabia Saudí había comenzado a ganar de verdad a raíz de la crisis del petróleo.
-Buffff vaya párrafo. Tú lo ves todo muy fácil, ¿no?
-Tal vez... ¿tal vez falte algún signo de puntuación?
-No. Tal vez, no.
¿Y todo esto, qué cojones tiene que ver con nosotros?
George W. Bush, 10 de septiembre de 2001
El caso es que el Sha juntó a su familia un 16 de enero del 79 y se fueron de vacaciones. Acababa así una monarquía de más de 4.000 años. Salen en la Biblia. Salen en La Odisea. Son los persas.
Y el régimen absolutista no fue sustituido por una democracia, no. Lo que los estudiantes revolucionarios querían era ¡una teocracia!
-Manda cojones.
-Hay gente que, de verdad, no comprende el verdadero sentido de la universidad, ¿eh?
-Anda, hazte uno.
Rujola Jomeini, un ancianito con una increíble cara de no haber follado en su vida, fue elegido como Líder Espiritual del País, que es lo que quiero ser yo de mayor, pero del mundo. Jomeini es otro de los protagonistas de los 80. Fue una especie de Antipapa, de Papa Negro. Si el nuestro iba afeitado, aquél tenía barba. Si el nuestro vestía de blanco, aquél vestía de negro. Si el nuestro hablaba de paz, el otro cabroncete llamaba a la guerra santa contra occidente. El nuestro se está partiendo de risa; Jomeini cría malvas desde hace quince años. Si es que hay que tomárselo con calma...
El caso es que el Sha... ¿a alguien le importa el Sha a estas alturas? Pues no estaba exiliado en una villa suiza, no. Estaba en Nueva York, sometiéndose a un tratamiento para el cáncer que tuvo menos éxito que la última temporada del Un, Dos, Tres. Ello no fue óbice para que una muchedumbre enfervorecida derribara las puertas de la embajada estadounidense y secuestrara a cincuenta funcionarios a la hora del café.
-Hay que ver... muchedumbre enfervorecida... son de esas palabras que siempre van juntas, ¿eh?
-Bueno, igual muchedumbre no, pero enfervorecida fijo.
-Fijo.
-¿Te lo haces o qué?
-Pesao.
Estamos en noviembre de 1979. A Carter, tal vez el primer y último presidente semipacifista de la historia de los Estados Unidos, se le había caído más mierda encima que a Cascos con el Prestige. El Ayatolá Jomeini -ayatolá, que gran título, mola mil veces más que cardenal- exigía la entrega del Sha para juzgarlo como traidor a la patria.
La primera imagen traumática que recuerdo tiene lugar en 1984, tal vez, en una plaza del centro de Teherán. Cinco tipos cuelgan de una estructura metálica, del cuello. Dos de ellos no tienen capucha. Han bebido alcohol.
Aunque el Sha no estaba para muchas rumbas, Estados Unidos tuvo un último gesto de gratitud hacia el tipo que se había estado gastando su dinero en boutiques parisinas y concesionarios londinenses. Carter confiaba ciegamente en que sus diplomáticos hicieran algún trato con Jomenini, y la opinión pública le apoyaba. Pero las cosas de palacio van despacio, y para la primavera aún no se tenía noticia de los rehenes. Imagínate cinco meses con un marrón semejante: un gobierno no puede gobernar, no puede encargarse de nada más. Y las elecciones en otoño. Nada, nada, señor presidente, les cortamos el grifo. Así, en abril, se anunciaba el embargo a Irán.
Se anunciaba, porque lo que no se dijo es que ocho helicópteros volaban hacia Teherán desde un portaaviones en el Golfo Pérsico, quiero creer que tripulados por tipos sin camiseta y con cintas en la frente. No voy a detallar la misión prevista, porque en la práctica todo consistió en que la mitad de los helicópteros se estropearon en medio del desierto, y mientras el resto de los comandos se apiñaba en los restantes, apareció un camión lleno de soldados iraníes (¿vendrían, tal vez, de una boda?).
La aparición de Carter en la tele para toda la nación, el 25 de abril, responsabilizándose de todo, es un momento que los demás presidentes estadounidenses deberían tener siempre en su mente. Carter sabía, debía saberlo, que le entregaba las llaves del país a un reaccionario anticomunista, populista y militarista.
-¿Sabes qué serie sustituyó a Apartamento Para Tres en la NBC en el ochenta y tres?
-¿Cual?
-El Equipo A.
Reagan sembró Latinoamérica de dictaduras subvencionadas por la cocaína que sus cachorros de Wall Street se metían en noches eternas. Reagan aumentó en un 35% por ciento el gasto militar, que no ha decrecido desde entonces. Reagan recortó todas las subvenciones recortables. Reagan llenó el Bronx de negros dispuestos a disparar al blanco. Reagan pasaba por allí cuando la Unión Soviética se colapsó y en su ocaso resurgió como líder del mundo occidental, cuando el resto del mundo era espacio no particionado... terra incógnita. Reagan tenía un tupé imposible, años cincuenta, que afortunadamente no creó moda porque era demasiado anciano. Reagan tenía la piel colgando, esa piel blanca y fofa de los líderes occidentales, y una nariz siempre colorada. Yo era un crío, y Ronald Reagan estaba detrás de la mitad de los juegos de mi NES.|||108649413599908085|||