31.7.03
-Primero fue Paula. -Ahá. -Había quedado con ella para ir a Alcampo, porque quería comprar un saco de dormir. El fin de semana me iba a Cambados, a la fiesta del Albariño, con los lucenses. -¿Y tu saco? -Se lo lleva María este fin de semana a no sé dónde. Además, mi padre jamás me haría el favor de hacerse el viaje desde Lugo por traerme un saco. El caso es que ya me iba haciendo falta tener uno propio. -Claro. -Así que quedé con Paula en que por la tarde me pasara a recoger y nos íbamos a Alcampo... me dijo que pasaría al atardecer, porque tenía que ir a Narón a echar de comer a los perros y eso. -Bien, ¿no? -Bueno... a eso de las tres me mandó un mensaje para decirme que se iba a la playa y que ya quedaríamos otro día. -¿Y los perros? -Ni idea.
-Luego fue Jacobo... digamos que en representación de todos los lucenses. Yo ya había hecho una lavadora para la ropa que iba a llevar a Cambados, había puesto a cargar las pilas de la cámara... iba a comprar el saco. Así que le llamé para saber cómo nos organizábamos para llegar. -Ahá. -Se puso serio, y empezó a contarme todos los detalles... los problemas, las posibilidades... En resumen, que irían todos en coche y que yo me buscara la vida. -¿Cómo? ¿Sólo tú? -Sí, que fuera a Cambados en bus o en tren. Que ya quedaríamos todos allí. -Vaya, eso es tener amigos. -Lo increíble es que no le dije que no. -¿No? -No, me puse a mirar horarios de autobuses. No sé... supongo que me hacía verdadera ilusión ir. Pero mientras buscaba me di cuenta de que... no sé, estaba caminando hacia atrás. Que si hiciéramos estos planes veinte veces, ¿cuántas me tocaría a mí ir en bus? -¿Veinte? -Llamé a Jacobo y se lo pregunté. -¿Y? -Veinte, claro. Le dije que no iba. Colgué... y de repente me entró un sueño terrible. No tenía ganas de hacer nada, de ver a nadie. Sólo de dormir.
-Luego fue Inés. Dormí durante todo el día. Al anochecer cerró el supermercado y yo seguía durmiendo, sin comida en casa. Soñé con muchas cosas... con muchísima gente y eso. Pero me acuerdo de Inés. Viene hoy de París, en unas horas. Así que iba a recibirla a Barajas. Cuando la veía salir por la puerta, corría hacia ella. Pero... no me acuerdo muy bien, me decía que no era momento de abrazos o algo así. -Joder. -Una pesadilla. Me desperté sudando y eso. Con un odio raro y completamente injustificado a Inés. Y completamente grogui. Fui al baño dando tumbos contra las paredes, sin encender la luz. Me remojé la cara. Eran las tres de la noche. -Hace hora y media. -Sí. -No está mal. Podríamos sacar una moraleja. -Odio las moralejas. -Bueno, pues una conclusión. -Venga. -Que los amigos son los que te fallan... en sueños.
posteado a las
04:25
29.7.03
Hoy quería contarte un cuento. Porque los cuentos son una antigua y eficaz manera de explicar las cosas. Y también porque es un recurso que el Ortega usa a menudo. Quería contarte una historia que comenzó un jueves de noviembre. Yo volvía del supermercado; dejé las bolsas sobre la mesa y encendí la radio. El boletín de las seis cerraba con la noticia de un petrolero estropeado frente a la Costa da Morte. A partir de ahí, más o menos nos sabemos la historia. Y de todas formas...
Donde ellos ven un problema, tú ves una solución
Estás viendo la tele mientras se hacen las lentejas. Qué cachondos, los Morancos. Tienen cada cosa... es lógico que cuando la olla a presión empieza a hacer un ruido raro no te levantes a ver qué pasa. Cuando llegan los anuncios vas a la cocina y descubres, oh, que la olla está rajada. Gotea su líquido viscoso que cae sobre el fuego y huele a rayos. Piensa, piensa rápido, la olla puede explotar en cualquier momento y dejarlo todo pringado. Decides que hay que sacarla de la cocina, porque la fregaste esta mañana. Al baño tampoco, menudo coñazo quitar el pringue de los azulejos. Así que sales a la escalera para dejarla en la puerta del vecino de arriba. Se va a joder este cabrón que quiere sacarme el dinero para arreglar el ascensor, piensas. Pero mientras subes, el olor le ha alertado y sale a la puerta para decirte que como te acerques te rompe una maceta en la cabeza. Dios, esto quema, qué hacer. Bueno, pues al vecino de abajo, que es un anciano que no se entera de nada. Bueno, normalmente. Porque los gritos del de arriba le han sacado a la escalera y agita el bastón para que no te acerques. No hay salida. Mientras intentas pensar algo, correteas por el descansillo arriba y abajo. Es una actitud razonable: así riegas todo de un líquido marrón que te hace resbalar. La olla se te cae de las manos. Explota. Tres pisos quedan pringados de lentejas.
Tu familia está en la puerta. Tienen los ojos muy abiertos. Seguro que están admirados de lo bien que lo has hecho. Pero cuando te acercas a ellos, con el pelo y la ropa goteando lentejas, te cierran la puerta.
La pregunta que te haces es obvia: ¿Dónde está mi medalla?
posteado a las
03:49
27.7.03
Memorias de Datzaquen el Curioso
Datzaquen el Curioso vivió hacia el siglo XIII en lo que hoy es el norte de Cuba. Su aldea formaba parte de las tribus tainas que sucumbieron a la colonización al cabo de un siglo. Datzaquen escribió sus memorias ya anciano, con veinticuatro años, en el tronco de un árbol. Como escribía en espiral, cuando le faltaba un buen trozo llegó al suelo y hubo de esperar meses a que el árbol creciera lo suficiente para añadir una última frase a modo de resumen de lo que quedaba, por lo que de sus últimos años sólo sabemos que "ya nada era como en los buenos tiempos". Datzaquen escribió también en el viento del sur, en el batir de alas de los murciélagos y en el sonido del agua al caer en cascada. Mostramos hoy un capítulo de su obra:
A las veinte lunas, entré en la cabaña del Chamán para someterme al Examen. Por entonces ya olía bastante mal, imagínate, veinte lunas sin acercarme al agua, viviendo a base de comer hierba y las Veinte Sagradas Avellanas. Aunque tal vez, si no hubiera comido las veinte avellanas el primer día... igual las cosas habrían ido mejor. En todo caso, el hedor de la cabaña del Chamán me hizo olvidarme del mío. Olía como a... restos en descomposición de algo que hubiera olido muy mal. Me arrodillé frente a él, mirando al suelo.
-Maestro. Aquí estoy. -Ya te veo, hijo.
Pasó mucho tiempo.
-¿Quieres algo, hijo? -He venido por el Examen, Maestro -ya me dolía terriblemente el cuello. -Oh. El Examen. No esperaba a nadie hoy. Déjame ver los Huesos Sagrados... tú eres Datzaquen, hijo de Datzaquen, ¿no? -Sí, Maestro. -No hueles tan mal como me esperaba ¿Seguro que ya te toca?
La pena por contradecir al Chamán es de tres Eternidades en el Pantano de los Sufrimientos.
-Eso creo, Maestro. -¿No te habrás equivocado? -Euh... tal vez, maestro. O sea, Maestro. -Jaja, venga. Era coña. Claro que te tocaba hoy, hueles como si hubieras vivido en un saco de estiércol las últimas cuarenta lunas. -He vivido en un saco de estiércol las últimas cuarenta lunas. -¿En serio? Cuando puse esa norma aposté mis Huesos Sagrados a que no la cumplía nadie. Tal vez os toméis demasiado en serio... en fin. El Examen... porque a eso has venido... seguro que estás deseando beber agua y comerte un buen cuenco de gusanos. El caso... es que no me acuerdo demasiado bien. Mírame al ojo, hijo. Me siento como si estuviera hablando con una silla.
El Chamán tenía un tic en el único ojo que le quedaba. Era muy feo... bueno, si hubiera sido una persona y no una casidivinidad hubiera sido una persona muy fea.
-Vamos a ver. Sólo me acuerdo de una pregunta de las cinco, así que no te será muy difícil ¿Estás preparado? -Creo que sí, Maestro. -Bien ¿Cuántas Sagradas Avellanas Has Comido?
¿Era un truco?
-Veinte. -¿Seguro? -¿Ésa es la segunda pregunta? -Uh... vamos a ver, hijo, ¿tú estás seguro de que te has comido veinte avellanas? -Maestro, me diste veinte Avellanas Sagradas y yo las comí. -No, hijo, te di diecinueve avellanas y una piedra con forma de avellana.
Eso explicaba muchas cosas.
-Me temo que la comí, Maestro. -Por Gotacoalz. Enséñame los dientes.
Saqué una bolsita del macuto y esparcí su contenido ante el Chamán. Abrió mucho el ojo.
-Hijo... definitivamente te has tomado esto en serio. Lo mejor será que salgas a recoger gusanos, escarbar raíces y... casarte y hacer una vida y todo eso ¿Alguna pregunta antes de que te nombre Adulto?
Los mayores siempre decían que llevaras un papelito con las preguntas apuntadas. Mi madre siempre decía que no hacía caso a los mayores. Debería haberle hecho caso a mi madre.
-Uh... ¿Qué es una silla? -Pues... una silla es... algo para sentarse, hijo. -¿Como el suelo? ¿También crecen árboles en las sillas? -No, no exactamente... sólo sirve para sentarse. Claro, que teniendo el suelo, no hace falta. Pero hay mundos que no tienen suelo y las usan. -Y en esos mundos ¿dónde crecen los árboles? ¿Dónde viven los gusanos? -Tengo entendido que tienen otros objetos llamados macetas y... ¿más preguntas? -¿Por qué cuando estoy cargando la Pipa Sagrada siento unas irrefrenables ganas de silbar y al hacerlo me vuela toda la hierba? -Supongo que es por la emoción ante el colocón que te espera, hijo. -Si pesco una piraña y me la como, ¿el Dios de las Pirañas vendrá a por mí? -Tranquilo. Las pirañas no te comerán. Si no te metes en el río, claro. -¿Es imprescindible perder un ojo para llegar a Chamán? -Sólo si eres muy torpe, hijo... creo que ya empiezo a entender por qué te llaman Datzaquen el Curioso.
posteado a las
21:45
25.7.03
-Acabo de ver Brother. -Hombre, por fin. -Sí, ya le tenía ganas. -¿Y? -Pues... que he encontrado un actor menos expresivo que Russell Crowe. -No. -Sí. Diría que el amigo Takeshi Kitano tiene parálisis facial. Pero no. No, porque tiene un tic en el ojo. -Vaya. -Creo que había una lechuga con más expresividad, pero se la comieron después de su primera película. -Es lo que tienen las lechugas. -Nadie dijo que fuera fácil serlo. -¿Ser qué? -Lechuga. Ser lechuga. -Ah. No. Pero por lo menos no tienes tics en el ojo.
posteado a las
03:19
22.7.03
-Ahí lo tienes. Léelo y firma. No esperes trabajar para mí sin contrato.
El papel... estaba ahí, sobre la mesa. Joane no se atrevió a tocarlo, intentó leerlo desde la silla. El tipo de la barba hablaba mirando hacia las paredes.
-No hago nada sin contrato. Todo por escrito. Tal vez sea el único que se preocupa por mantener limpio el nombre de esta mierda de negocio... o de limpiar la mierda de este negocio, o de mantenerla alejada... míralo como quieras, encanto ¿No lo vas a coger?
Y le tendió el papel. Joane lo cogió procurando no mirarle a los ojos. Esencialmente, era una lista de tarifas por escena. Siete escenas, o sea tres películas, o sea un fin de semana de trabajo. Siglas para cada una de las escenas.
-¿Qué significa DA? -Doble anal. -O sea, dos... -Dos pollas en tu culo, encanto. Si lo hacemos el sábado sería bueno que te pasaras el viernes practicando. De todas formas, ya te avisaré cuando vayamos a rodar ¿Tienes coche? -No puedo hacerlo. -¿Qué? -No puedo hacerlo. -Aquí pone que haces de todo.
Maldito book.
-Yo no escribí eso. -Me importa tres cojones quién lo escribiera. Ahí pone que haces de todo. Si fuera a rodar una zoofilia la semana que viene te habría llamado, pero el mercado está chungo, los paletos del Medio Oeste se creen ahora aristócratas. De todo quiere decir de todo. -Es que... no creo que sea capaz.
Cuando Joane desvió la mirada el tipo de la barba supo que había caído.
-Oh, te sorprendería lo que da de sí un cuerpo humano, no te preocupes por eso. -De verdad, estoy convencida de que no... puedo. -Mira, encanto -se levantó, rodeó la mesa y se apoyó en el armario; Joane creyó que había llegado uno de "esos" momentos... cuando una actriz entra en el despacho de un productor-, cuando digo que te sorprendería quiero decir que realmente te sorprendería ¿Sabes que vamos a hacer? Voy a llamar a una amiga y la vas a ver el viernes. Ella te enseñará.
El tipo de la barba revolvió la mesa buscando algo. El book cayó al suelo entre una nube de fotos de mujeres desnudas. Joane aún tenía el contrato en la mano; empezaba a sudar. La persiana dibujaba finas líneas de luz en el polvo del despacho. Hacía frío. Joane encogió los dedos de los pies en sus sandalias.
-Aquí está -el tipo de la barba sacó un teléfono de algún bolsillo y marcó-. Joder. Nunca contesta. Oye, te diré lo que vamos a hacer. Firma esto, vete a casa y ya me apañaré para que esta drogadicta te llame esta tarde y quedéis de alguna manera en algún sitio. Si te dice que vayas a su casa, dile que no. Si vives con tus padres, quedad en algún hotel... yo qué sé. Tengo mucho trabajo ¿Firmas?
Joane apretaba el papel con más fuerza de la necesaria. Miró al tipo de la barba con cara de tonta.
-¿Puedo... pensármelo y traer el contrato mañana? -Si sales por la puerta sin firmarlo, en media hora habrá una más guapa que tú dispuesta a hacerlo.
Siete escenas, un fin de semana, dos mil setecientos dólares. Doble anal, aparte de dos lesbianos, dos normales y dos anales. Dos mil setecientos dólares por un fin de semana de trabajo. Más de un año de alquiler. Tal vez un coche a plazos.
-¿Tiene un bolígrafo? -Tengo muchísimo más que eso, encanto -e inmediatamente-. Era una broma.
Era uno de ésos bolígrafos con la foto de una muchacha que al dar la vuelta se queda desnuda. Tinta verde. Por alguna razón, Joane no podía dejar de mirar la cara de la muchacha sonriente del bolígrafo.
posteado a las
21:38
20.7.03
Crónicas de la ciudad - Literatura chamberilera
Digamos que Chamberí celebra sus Fiestas del Carmen. Digamos también que, en un alarde de incoherencia, contrata a El Combo Linga para que las anime un sábado por la noche tal que hoy. Digamos que allá vamos una docena de peludos piojosos a beber mojito, tirarnos los hielos por los escotes, asustar a los niños y perturbar la paz chamberilera en general.
Sin embargo, me gustaría que no fuera ésa la impresión definitiva sobre el barrio. Por ello, rescato de algún bolsillo el folleto de las fiestas y transcribo literalmente el relato ganador del primer (y espero que último) concurso convocado por la Junta Municipal:
"16 de Julio de 2008"
-Mary, vamos date prisa que no llegamos. -Tranquilo Emilio, solo me falta coger el bolso y nos vamos a la procesión.
Después de honrar a Nuestra Señora del Carmen y de ir acompañándola por las concurridas calles del barrio, nuestra pareja decide dar una vuelta por Chamberí y mezclarse con los cientos de vecinos de diferentes procedencias que se han integrado en nuestra comunidad.
Subiendo por la Calle Eloy Gonzalo, hacia la Glorieta de Quevedo, contemplaron cómo progresaban las obras de restauración del Instituto Homeopático que se volverá a abrir para dar servicio a los chamberileros y resto de madrileños.
Pasando Quevedo y subiendo por la populosa Calle de Bravo Murillo se dirigen hacia el nuevo Teatro Canal para ver su programación de verano-otoño y compararla con la que ofrece el Teatro Amaya, el Teatro Abadía o el Centro Cultural Galileo. Tal vez se decidan a pasear por el Museo-Casa Sorolla o a ir a alguno de los cines que tiene nuestro barrio.
-¿Verdad Emilio que en Chamberí se vive bien y los Jardines del Canal son bonitos? -Sí, Mary. Fue una suerte el instalarnos aquí. Se vive tranquilo y feliz.
Autor: Emilio Portús Pérez
Es un mundo turbio, el de los concursos literarios. Pero sin duda refleja claramente el nivel cultural de la comunidad implicada. En el caso de Chamberí, yo optaría por la evacuación inmediata de aquellos habitantes que supieran escribir sin equivocarse en los tiempos verbales... y tal vez algún tipo de lluvia de cenizas como en Pompeya que dejase todo congelado en el tiempo. Pero bueno, se supone que ésta era la solución B para Ferrol por si fallaba la explosión de la planta de gas.
Dicho esto, me vuelvo a la tele, que están dando Cartas a Iris. Ya sabes, Robert de Niro es analfabeto y Jane Fonda, una obrera de clase baja, le enseña a leer. No... no es que intente hallar algún tipo de conexión, estoy muy borracho y no somos tan mal pensados, ¿verdad?
posteado a las
05:30
19.7.03
-Mi hermana es una frígida reprimida.
Paulie a Rocky
Esta fenomenal cita que acabo de ver en la tele nos introduce el tema de hoy. Estoy en profundo estado etílico y hablo de memoria, pero...
En casa de Cogollo, en la pared del salón, hay dos planos de Madrid. Uno es el clásico de transportes, con las líneas de autobús y metro indicadas. El otro es el del Madrid de Antonio Palacios. Este señor, de Porriño por más señas, era arquitecto a principios de siglo, y proyectó alguno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. De hecho, hago paréntesis, cuando Cogollo y yo pasamos un día en La Coruña fuimos al Kiosko Alfonso a ver la exposición de Antonio Palacios. El mapa de la pared es de esa exposición. En realidad no es un mapa, sino una fotografía aérea de toda la ciudad.
Cuando Trotski visitó Madrid en los años 30, al comienzo de su exilio, era aún una figura muy respetada. Le pasearon por el centro y al ver el edificio de Correos y Telégrafos -en aquellos tiempos Palacio de las Comunicaciones- en Cibeles, obra de Antonio Palacios, quedó tan sobrecogido por su monumentalidad que lo denominó Nuestra Señora de las Comunicaciones.
Cuando es la una y cinco de la madrugada y te encuentras, sitúate, la una y cinco y en el césped de Físicas de Ciudad Universitaria. Un cubo de sangría casi vacío. Así que decides que casi sería mejor ir marchando. Así da tiempo para coger el metro, ir al centro y ver a los arquitectos que están en Tribunal. Descubres: que tu corazón no aguanta correr desde Físicas hasta Moncloa; que el último metro no sale a y media, sino cinco minutos después; que el arroz que los chinos venden por la calle sigue estando de muerte; que Alicia jamás cogerá el teléfono para quedar con ella; y que las líneas de autobús que a esto de las dos y media te van a servir para llegar a Carabanchel son la N12 y la N15. Adivina dónde las coges. Exacto, a la puerta de Nôtre Dame des Communications. Hay cinco chavales en las escaleras de la entrada. Uno de ellos está vomitando. Por lo que le dicen los demás, se llama Palomo y es un profesional porque no echa ningún tropezón. Todo líquido.
posteado a las
04:04
18.7.03
Crónicas de la ciudad - Otro paseo por segundamano.es
-Trecimlegzpis... debe estar mal. -¿Pues? -Legazpi, tres habitaciones, cien metros, piscina... -Oh. -Setecientos cincuenta. -Coño, está bien. -Por eso tiene que ser un truco. No puede estar bien y ser real, es una cosa o la otra. -Pues mira ese otro, Cortes, cien metros, ochocientos tazos. -Ése está aún peor. -Tío. -Qué. -Yo no quiero decir nada por aquello de no ser gafe... pero... -Dilo. -¿Será que están bajando los precios de la vivienda en Madrid? -Uh... -Nah. -Nah.
-Desde luego... estas cosas no las encontrábamos hace tres meses. -¿Cómo, lo qué? -Las ofertas, los pisos. Hace tres meses ni encontrabas ofertas así. -Bueno, vale. Pero cállate. No me vayas a ser gafe...
(Ilusioncilla que cosquillea el estómago a la hora de dormir)
posteado a las
06:05
17.7.03
De vez en cuando recibo una carta de alguien que está en "contacto" con los extraterrestres. Me invitan a "preguntarles algo". Y así, a lo largo de los años, he confeccionado una pequeña lista de preguntas. Los extraterrestres son seres muy avanzados, recordemos. Así pues, pido cosas como: "le ruego que me proporcione una pequeña prueba del último teorema de Fermat". O de la conjetura Goldbach. Y luego tengo que explicarles qué es, porque no creo que los extraterrestres le llamen último teorema de Fermat. Así pues, escribo la simple ecuación con los exponentes. Nunca consigo una respuesta. Por otro lado, si pregunto algo así como: "¿debemos ser buenos?", casi siempre consigo respuesta. A estos extraterrestres les encanta contestar cualquier pregunta vaga, sobre todo si entraña juicios morales. Pero, en cosas específicas donde cabe la posibilidad de descubrir si realmente saben algo más que los humanos, la respuesta es el silencio. Quizá pueda deducirse algo de esa diferente capacidad de responder preguntas.
Carl Sagan - El mundo y sus demonios
-Que pocas ganas de escribir algo propio últimamente, ¿no? -Sí... no sé, me duele el tarro. Y además tengo que aprovechar todo lo que estoy leyendo estos días. -Cultura, cultura. -Erudición, erudición.
posteado a las
01:27
15.7.03
Crónicas de la ciudad - Campeonato de Engullición de Gelatina
Tiempo de engullición por aspiración de cuatro cubitos de gelatina:
Alicia (frambuesa) - 32 seg. Salida nula debido a la presión. Debilidad ante el efecto cámara-de-fotos.
Cogollo (limón) - 54 seg. Irregularidades por escupir gelatina con la risa y salpicar a Alicia.
Alex (frambuesa) - 20 seg. Caída del segundo cubito al intentar engullirlo sin haber tragado el primero.
Manu (naranja) - 16 seg. Técnica depurada, gran concentración -efecto túnel- e insensibilidad al efecto cámara-de-fotos. Salida apresurada.
Paquito (limón) - 30 seg. Decepcionante. Introducción excesiva de la nariz en los otros cubitos.
posteado a las
06:14
13.7.03
Crónicas de la ciudad - Mi primer post desde Linux
Sólo... sólo quería decir... bueno, que quedara constancia... de que cuando el cuerpo... la piel... Vaya, que llega el verano y alguna alergia... y se te seca la piel. Ya sabes, a untarse aceite despues de la ducha... y crema Nivea -dios la bendiga- todo el día con todo el cuerpo pringoso, ya sabes... Lo mejor sin duda es mezclar la Nivea con agua. Claro, con la piel seca, pues giras el cuello y si está seca, seca de verdad, como la yesca, se te puede romper y todo. Sí, la piel. Se rompe y queda la capa inferior al aire. Y jode... jode de verdad. Además, que te echas crema y escuece, pero es que si no te la echas se te va a romper otra vez. Bueno. Pues el caso es que hay una parte del cuerpo... vaya, con la piel en ese estado lo mejor es no hacer movimientos bruscos, ¿no? Pues hay una parte del cuerpo que se mueve ella sola por su cuenta y riesgo... bueno, no se mueve exactamente, pero bien sabe dios que la piel se estira... es algo humano, ¿no? Además, con este calor es imposible no... Claro, te pasas la tarde metiéndote en el baño cada diez minutos para echarle mano a la Nivea. Bueno, a la Nivea y a lo otro. Que te pasas el día con el sable más engrasado que el del General San Martín. Y... sólo era eso. Ya está. Qué vergüenza.
posteado a las
01:49
10.7.03
Al tratar de las desdichas económicas hay que decir unas palabras sobre terminología. En el curso de su desastrosa odisea, Pal Joey, el personaje más inspirado de John O'Hara, tiene que firmar un pagaré en una tasca de Chicago para pagar unos bollos y café. Explica su desgracia diciendo que el "pánico" continúa. Esta palabra -arcaica y por ello ligeramente afectada- refleja el oído infalible de O'Hara. Durante el siglo pasado y hasta 1907, los Estados Unidos sufrieron pánicos, y así los llamaron, sin avergonzarse. Pero en 1907 el lenguaje, como otras tantas cosas, empezaba a ponerse al servicio de los intereses económicos. Para reducir al mínimo el impacto sobre la confianza, los hombres de negocios y los banqueros empezaron a explicar que un retroceso económico no era realmente un pánico, sino sólo una crisis. No les acobardó el hecho de que este término se empleara en un contexto mucho más amenazador -la última crisis capitalista- por Marx. Sin embargo, en los años veinte, la crisis mundial había adquirido también la terrible connotación del acontecimiento que se esperaba. Por consiguiente, se procuró tranquilizar al público diciendo que no era una crisis, sino sólo una depresión. Una palabra muy suave. Entonces, la Gran Depresión asoció el más espantoso desastre económico con aquel término y los semánticos de la economía explicaron que no había depresión en perspectiva, sino, como máximo, una recesión. En los años cincuenta, al producirse un pequeño retroceso, los economistas y los funcionarios se unieron para negar que fuese una recesión. No era más que un movimiento deslizante o una oscilación de reajuste. Mr. Herbert Stein, un hombre afable que tuvo el discutible honor de servir de portavoz económico a Richard Nixon, habría llamado corrección de crecimiento al pánico de 1893.
John Kenneth Galbraith - El dinero
posteado a las
23:02
7.7.03
Crónicas de la ciudad - Aprende, oh poderosa Renfe, de los negros de las mantas
8:05, consigna en estación de Atocha
-Eh, a dónde váis.
(Veamos, llevamos dos maletas enormes y esto es la consigna)
-A dejar esto. -Por la máquina. -Pues venga. -El bolso también. -¿El bolso? Pero si no lo voy a dejar. -El bolso.
8:15, cafetería en estación de Atocha
-Eh.
-Eh, perdona.
-Oye, llámala tú, porque yo con los camareros debo tener alguna incompatibilidad genética. -¿Cómo? -Es que jamás me atienden. Me pasa desde pequeñito. -Jeje, a ver... ¡Eh! -¿Sí? -Queríamos tres horchatas. -No, lo siento, no tenemos.
(Mirada de reojo a la máquina de horchata y algunas dudas)
-Bueno, pues ponnos tres cafés... ¿lo queréis con leche? -Yo sí. -Yo... también.
12:20, terracita en Tirso de Molina
-Qué os pongo, chicos. -Pues nos pones tres horchatas como tres soles. -Vaya, es que horchata... no nos ha llegado aún. -Jo. -Venga, a mí me pones una cocacola. Con hielo.
-Oye, mira lo que trae ese chaval. -Cuál. -El que está entrando en el bar. El del bidón blanco. -Cojones. "Horchata fresquita". -Es para cagarse en algo, ¿eh? -Eh.
14:15, cafetería en estación de Atocha
-Es una máquina de horchata, ¿no? -Pues a ver... aspas girando y removiendo un líquido blanco... pegatina "¡Horchata fresquita, qué rica es!"... -Yo creo que tiene todo lo que se le puede pedir a una máquina de horchata, ¿no? -Yo no le pediría más. -Pues venga. Eh, moza. -Mejor déjame a mí ¡Eh! -Dígame. -¿Tenéis horchata? -No. -Y esta máquina ¿qué es? ¿De adorno? -Sí, de adorno. Es agua. -Pero... pero... -Venga, déjalo, vamos a coger el tren.
14:25, andén 13 en estación de Atocha
-¿Y esto? -¿Ahora ponen escáneres para los trenes regionales? -Por la máquina. -El bolso también, ¿no? -También. -Me empieza a mosquear esto... -¡Eh! La bolsita también. -¿Cómo? ¿Ésta? -Por la máquina. -Pero hombre, mírala. Es una bolsa de farmacia. -Por la máquina. -Coño, mira. Una bolsa ridícula. Una lata de Nivea. Un libro. No hay más. Si ni siquiera voy a subir al tren. -Por la máquina.
14:40, Centro de Viajes (o sea, taquillas) en estación de Atocha
-Hola. -Hola, queríamos saber si tenéis billetes para Pamplona el jueves. -¿Cuántos quieres comprar? -No, bueno, sólo queremos saber si todavía quedan. -No, para eso está información, que es una teléfono, llamas y... -Pero mujer, dime sólo si quedan billetes. -Es que no estoy autorizada a dar esa información. -Pero copón, haces como si fuéramos a comprar, lo miras en el ordenador... -Es que lo que yo os diga no tiene validez, puede cambiar en veinte minutos. -Joder, lo que me digan por teléfono va a tener la misma validez... -Lo siento. Siguiente.
14:50, mantas con juegos de PlayStation en Atocha
-Todavía estoy flipando. -Y yo. -Joder, si llegas y le dices "quiero tres billetes" y cuando te dice que sí que quedan, dices que te han robado la cartera... -Mejor aún, llegas y dices... oye, ¿cuántos pasajeros caben en un tren? -Muchos. A cincuenta por vagón, nueve vagones... échale que quinientos. -Pues llegas y dices "quiero quinientos billetes a Pamplona el jueves, es que me gusta viajar ancho". -Pues te dirá que no hay. -Y yo le preguntaré "entonces, ¿cuántas plazas quedan?" -Y te dirá "ah, no estoy autorizada a darle esa información". -Y yo le digo "entonces... ¿cuatrocientos noventa billetes?" "No" "¿Cuatrocientos ochenta?" "No" "¿Cuatrocientos setenta?" -Pues así igual acaba diciéndotelo, ¿eh? -Pues era para volver y hacerlo, ¿eh? Lo malo es que no nos tocaría la misma taquillera, y no es para descargar el odio en otro pobre asalariado.
-Oye, ¿qué estamos buscando? -Pues uno de aviones y otro de fútbol americano. -De aviones tienes éste. -Oie, ¿qué buhca? -Uno de fútbol americano... pero creo que no tienes... -Momento.
-Tío, a dónde va. -Pues míralo, a preguntar a un colega si lo tiene. -Joder. Cogollo... -Qué. -¿Tú te das cuenta de que el mejor trato que hemos recibido hoy en un establecimiento viene de un tipo que vende juegos pirateados sobre una manta? -Pues sí. -Es que se lo voy a comprar me traiga lo que me traiga. Aunque sea el John Madden del 96.
-Toma. -Eh... -Jajaja, pero tío, ésto qué es. Un juego de Digimon. -Calla, coño. No, lo siento, esto no es. -¿No é lo que quería? -No... vaya, quería uno de fútbol americano. Enefele. American fútbol. -Oh, no tiene. -Bueno, no pasa nada. Cóbrame estos dos. Seis euros, ¿no? -Sinco.
19:30, casita
-Joder, vaya siesta me he cascao. -¿Quieres oir una cosa graciosa? -Venga. -De los dos juegos que hemos comprado, no funciona ninguno. -¿Están rayados? -Sí... no tienen rayaduras gordas, pero están como lijados... -Joder, no sé si reir o llorar. -Y he llamado a Renfe. Quedan tres billetes.
posteado a las
22:00
6.7.03
Crónicas del pueblo - Conversaciones de alto nivel a mil quinientos metros sobre el nivel del mar bajo el croar de los sapos
-Y entonces empezaste a volver a Madrid. -Supongo... que en algún momento temí haberme acostumbrado a la ausencia de aquellas personas sin las que no puedo vivir. -Toma frase. -Toma.
posteado a las
23:19
4.7.03
Crónicas de la ciudad - Una noche en Chamberí
En Chamberí, los pasillos son altos y estrechos. Los salones tienen una estantería de madera oscura con discos de Duke Ellington y libros de ciencia ficción. Hay trofeos entre los libros, siempre del mismo metal oscuro y gastado. Los sofás son bajos y de color claro, no me preguntes por qué.
No hay aristas interiores entre pared y pared, están redondeadas. Cada arista redondeada supone cinco centímetros cuadrados menos de piso, dos euros. Las persianas son de roble. Se respira en Chamberí un lujo apretado, una especie de postura relajada en una silla recta.
Los cuadros de los abuelos siguen sobre las mesillas de la entrada; la chapa de dios proteja esta casa sigue sobre la mirilla de la puerta. Pero los abuelos ya no están, viven en el piso de arriba y sólo quedamos nosotros, nosotros y el ron, nosotros y la cerveza, nosotros y el vino. Sólo nos tenemos los unos a los otros y tenemos miedo de olvidarnos y nos preguntamos miles de cosas y al fin y al cabo somos otra vez quinceañeros con miedo de decirnos lo muchísimo que nos queremos. El ascensor está enjaulado.
En Chamberí, en toda cocina hay una jaula vacía. Los gatos buscan por la calle los periquitos que han volado.
Los dormitorios tienen mesillas sobre las que reposan incomprensibles objetos de plata de la bisabuela. De vez en cuando, un ordenador portátil, un IBM con la a gastada, frente al que sentarse y postear. En Chamberí, confieso que me putea, Todo se parece a El palacio de la luna.
posteado a las
01:51
3.7.03
Crónicas de la ciudad - Demasiado sol
-Hace sol. -¿Quieres mis gafas? -No. -... -Hace mucho sol. -Ya. -Hace demasiado sol. -Que sí. -¿Vamos en metro? -No, que tengo que pagar. -Vamos en metro. -Eh ¡Eh! -Venga, coño, que son cincuenta céntimos. -Qué cruz.
-Oye... -Qué. -¿En el metro no tenían aire acondicionado? -Era para pegarte con una sandalia en la cabeza. -Ah, pues... tu sandalia derecha está casi rota. Me la pisó el gordo que se bajó en Opañel. -¿Y tú no le dijiste nada? -Jo... es que era muy grande.
posteado a las
19:07
1.7.03
Crónicas de la ciudad - La noche del rosario
6203
-Joder, estamos cabalísticos hoy, ¿eh? -Pues no te haces una idea... en serio, no tienes ni la más mínima idea de lo que me ha costado llegar a ese número. -Buf, sí, es que hay más de seis mil antes. -Claro. Y tampoco te haces una idea de las profundas dudas éticas sobre si debo enseñárselo al mundo o no. -¿Crees que el mundo no está preparado? -Lo creo. Pero espero que la campaña idiotizadora de los medios de comunicación mantenga anestesiada a la población española y entierre esta verdad por los siglos de los siglos amén. -Has eruditado. -Lo siento. -Pero mañana podrían aparecer en casa dos señores con corbata y gafas negras y meterte cuatro tiros con sus pistolas con silenciador. -Uh... más bien podría aparecer un tipo peludo y pegarme con un candado de bicicleta en la cabeza. -Un candado... ¿de éstos que son una combinación de cuatro números? -De esos mismos. -Bien. Pues creo que lo he pillado y todo, ¿eh? -¿Lo del rosario también? -También. -Da gusto hablar contigo. -Lo sé. -Y este post está dedicado a Elena. -Vale, ¿la conozco? -No creo... tampoco la conozco yo.
posteado a las
23:04
|