12/26/2003 08:47:12 AM|||paaq|||Imagínense a dos niños que juegan juntos. Llamémoslos Calvin y Dennis. En un momento están jugando con soldados de juguete en el barro y al minuto siguiente están construyendo una pequeña presa para atravesar un charco. Después pueden entrar en casa a jugar a un juego de tablero o ver la televisión. En cada caso, están construyendo un mundo compartido que se basa parcialmente en el mundo real y parcialmente en la imaginación. El juego consiste tanto en diseñar esos mundos ("Esto puede ser un fuerte". "Vamos a hacer una carretera") como en interaccionar con ellos ("La presa se está rompiendo").

Ahora, introduzcamos un tercer jugador, lo llamaremos Janus. Pero resulta que este tercer miembro no es una persona sino una computadora. No me importa aquí la forma que tome Janus. Quizás sean unas gafas de realidad virtual o quizás un implante medular. Creo que será móvil, por lo que se podrá utilizar en cualquier lugar (incluso en el barro).

Janus colabora con Calvin y Dennis en el diseño y la simulación de mundos imaginarios. También puede jugar con ellos como los otros jugadores. Puede asumir el papel que le asignen, proponer nuevas actividades e introducir un elemento de caos en el juego, y con el tiempo sabrá cosas de sus amigos. Registrará qué les gusta y qué no, que les da miedo e incluso qué conceptos no entienden todavía.

Mientras juegan en el barro, Calvin puede pedir a Janus que haga soldados. Entonces podrán ver pequeños soldados de alta resolución arrastrándose por el barro (mediante una imagen proyectada en la escena real o mediante las gafas de realidad virtual). Janus puede decidir esconder a los soldados en las grietas hasta que los chicos los capturen al tocarlos, o quizá les gaste una broma y haga surgir tras ellos un soldado de 15 metros que les demuestre lo grandes que son en relación con los soldados pequeños.

Sea lo que sea Janus, sólo espero que no sea previsible.


Will Wright|||107242501269390878|||