10/12/2003 07:29:26 AM|||paaq|||Supongo que tanto los antecedentes como los poscedentes son poco significativos. Sólo quedamos ella y yo, frotándonos la una contra el otro, bailando salsa -odio la salsa-, rodeados de treintañeros que la devoran con los ojos. Y me odian de cierta manera difusa. Ella se llama Elisabeth, es peruana y en su armario no puede faltar la minifalda. Vive a dos calles de aquí.
Aquí es Velázquez, barrio de Salamanca. Carlos Nieto nos ha propuesto ir a una discoteca de divorciadas. Hemos aceptado los tres de inmediato. Media hora andando desde Chueca y al llegar empieza a diluviar. Trece euros la entrada -mis últimos trece euros-, cinco porteros, guardarropa, ¿somos los únicos menores de treinta?
Verla bailar es como ver bailar un rayo de sol. Pero prefiero arrimarme y oler su pelo.
Eh, esto no es nada romántico, no te vayas a pensar. Estoy disfrazado. Soy agente secreto. Darío me ha dejado dos polos, uno Lacoste y otro Ralph Lauren, y sus Camper Pelotas. Eso suma unos doscientos cincuenta euros en ropa, mas cuatro gotas de Égoïste, de Chanel. He ascendido de clase social en lo que tarda uno en vestirse.
No tengo muy claro dónde ha estado el fallo. Creo que lo de ir a comerle la oreja y masticar su pendiente izquierdo ha sido un poco penoso. Pero no creo... no. En todo caso, ya te decía que da igual. Porque Todo es falso. De bolsillos hacia afuera tengo dinero como para ponerme dos polos uno encima del otro -algún día te contaré por qué-, pero en la cartera llevo dos euros con cincuenta. No tengo tarjeta, sólo un metrobús con tres viajes.
Tengo ganas de caminar... hasta Colón, por ejemplo. Allí cogeré el metro, ya son las seis. Tres de los cinco porteros me han dado las buenas noches al salir. Llamo a Darío.
-Qué.
-Darío, son todas unas putas.
En la calle me noto vulnerable. Llevo polos y zapatos, y cuando me cruzo con cinco jevis me miran con desprecio. Pena de todo. Llego a Colón. Sorpresa, doce de octubre (otro día hablaré de ese ridículo símbolo de flaccidez que es la bandera), sorpresa decía. En seis horas, desfile militar. Por toda la plaza corretean manaditas de policías y militares, buscando terroristas de Al Qaeda.
Podría poner una bomba bajo la tribuna real. Nadie se fija en mí, llevo dos polos, soy inofensivo para España.
¿Dónde está el metro en Colón? Me dirijo a una grupito de policías para preguntar. Cuando me acerco, comentan.
-¿Dónde está Ángel?
-Se ha quedado dando una paliza a un punki. Creo que ya ha terminado con él.
Eh... Digamos que dos minutos después le pregunto a otro policía que camina solo. La parada de Colón está cerrada hoy, otro aplauso y viva España y su lucha antiterrorista. Recorro las tribunas hasta Cibeles. Por el camino, descubro docenas de huecos donde colocar una bomba. Pero ya sabes, sólo tengo dos euros con cincuenta. Ni para un cartuchito de dinamita. Además.... no tengo mechero.|||106593680613307649|||