7/29/2003 03:49:24 AM|||paaq|||Hoy quería contarte un cuento. Porque los cuentos son una antigua y eficaz manera de explicar las cosas. Y también porque es un recurso que el Ortega usa a menudo. Quería contarte una historia que comenzó un jueves de noviembre. Yo volvía del supermercado; dejé las bolsas sobre la mesa y encendí la radio. El boletín de las seis cerraba con la noticia de un petrolero estropeado frente a la Costa da Morte. A partir de ahí, más o menos nos sabemos la historia. Y de todas formas...
Donde ellos ven un problema, tú ves una solución
Estás viendo la tele mientras se hacen las lentejas. Qué cachondos, los Morancos. Tienen cada cosa... es lógico que cuando la olla a presión empieza a hacer un ruido raro no te levantes a ver qué pasa. Cuando llegan los anuncios vas a la cocina y descubres, oh, que la olla está rajada. Gotea su líquido viscoso que cae sobre el fuego y huele a rayos. Piensa, piensa rápido, la olla puede explotar en cualquier momento y dejarlo todo pringado. Decides que hay que sacarla de la cocina, porque la fregaste esta mañana. Al baño tampoco, menudo coñazo quitar el pringue de los azulejos. Así que sales a la escalera para dejarla en la puerta del vecino de arriba. Se va a joder este cabrón que quiere sacarme el dinero para arreglar el ascensor, piensas. Pero mientras subes, el olor le ha alertado y sale a la puerta para decirte que como te acerques te rompe una maceta en la cabeza. Dios, esto quema, qué hacer. Bueno, pues al vecino de abajo, que es un anciano que no se entera de nada. Bueno, normalmente. Porque los gritos del de arriba le han sacado a la escalera y agita el bastón para que no te acerques. No hay salida. Mientras intentas pensar algo, correteas por el descansillo arriba y abajo. Es una actitud razonable: así riegas todo de un líquido marrón que te hace resbalar. La olla se te cae de las manos. Explota. Tres pisos quedan pringados de lentejas.
Tu familia está en la puerta. Tienen los ojos muy abiertos. Seguro que están admirados de lo bien que lo has hecho. Pero cuando te acercas a ellos, con el pelo y la ropa goteando lentejas, te cierran la puerta.
La pregunta que te haces es obvia: ¿Dónde está mi medalla?|||105944336463368654|||