7/4/2003 01:51:55 AM|||paaq|||Crónicas de la ciudad - Una noche en Chamberí
En Chamberí, los pasillos son altos y estrechos. Los salones tienen una estantería de madera oscura con discos de Duke Ellington y libros de ciencia ficción. Hay trofeos entre los libros, siempre del mismo metal oscuro y gastado. Los sofás son bajos y de color claro, no me preguntes por qué.
No hay aristas interiores entre pared y pared, están redondeadas. Cada arista redondeada supone cinco centímetros cuadrados menos de piso, dos euros. Las persianas son de roble. Se respira en Chamberí un lujo apretado, una especie de postura relajada en una silla recta.
Los cuadros de los abuelos siguen sobre las mesillas de la entrada; la chapa de dios proteja esta casa sigue sobre la mirilla de la puerta. Pero los abuelos ya no están, viven en el piso de arriba y sólo quedamos nosotros, nosotros y el ron, nosotros y la cerveza, nosotros y el vino. Sólo nos tenemos los unos a los otros y tenemos miedo de olvidarnos y nos preguntamos miles de cosas y al fin y al cabo somos otra vez quinceañeros con miedo de decirnos lo muchísimo que nos queremos. El ascensor está enjaulado.
En Chamberí, en toda cocina hay una jaula vacía. Los gatos buscan por la calle los periquitos que han volado.
Los dormitorios tienen mesillas sobre las que reposan incomprensibles objetos de plata de la bisabuela. De vez en cuando, un ordenador portátil, un IBM con la a gastada, frente al que sentarse y postear. En Chamberí, confieso que me putea, Todo se parece a El palacio de la luna.|||105727631586837281|||