7/10/2003 11:02:41 PM|||paaq|||Al tratar de las desdichas económicas hay que decir unas palabras sobre terminología. En el curso de su desastrosa odisea, Pal Joey, el personaje más inspirado de John O'Hara, tiene que firmar un pagaré en una tasca de Chicago para pagar unos bollos y café. Explica su desgracia diciendo que el "pánico" continúa. Esta palabra -arcaica y por ello ligeramente afectada- refleja el oído infalible de O'Hara. Durante el siglo pasado y hasta 1907, los Estados Unidos sufrieron pánicos, y así los llamaron, sin avergonzarse. Pero en 1907 el lenguaje, como otras tantas cosas, empezaba a ponerse al servicio de los intereses económicos. Para reducir al mínimo el impacto sobre la confianza, los hombres de negocios y los banqueros empezaron a explicar que un retroceso económico no era realmente un pánico, sino sólo una crisis. No les acobardó el hecho de que este término se empleara en un contexto mucho más amenazador -la última crisis capitalista- por Marx. Sin embargo, en los años veinte, la crisis mundial había adquirido también la terrible connotación del acontecimiento que se esperaba. Por consiguiente, se procuró tranquilizar al público diciendo que no era una crisis, sino sólo una depresión. Una palabra muy suave. Entonces, la Gran Depresión asoció el más espantoso desastre económico con aquel término y los semánticos de la economía explicaron que no había depresión en perspectiva, sino, como máximo, una recesión. En los años cincuenta, al producirse un pequeño retroceso, los economistas y los funcionarios se unieron para negar que fuese una recesión. No era más que un movimiento deslizante o una oscilación de reajuste. Mr. Herbert Stein, un hombre afable que tuvo el discutible honor de servir de portavoz económico a Richard Nixon, habría llamado corrección de crecimiento al pánico de 1893.
John Kenneth Galbraith - El dinero|||105787096103857181|||