6/7/2003 08:10:00 PM|||paaq|||Primero fue el anuncio de Minute Maid. La marca de zumo "de verdad" de Coca Cola nos muestra a un tipo en un bar de diseño que pide un Minute Maid. Mientras el camarero busca la botella, un tsunami de líquido naranja llega por la calle, rompe el inmenso ventanal y pone todo perdido.

Luego vino el de Trina, que nunca ha querido ser exactamente un zumo. Tres chavales hacen el gamberro enseñándoles botellas de Trina a un montón de naranjas, que empiezan a perseguirlos por escenarios urbanos arrasando también con todo. Después de un falso desenlace feliz estilo Viernes 13, las naranjas alcanzan a los chavales y se les pegan al cuerpo.

Digamos que Minute Maid pretende distanciarse del Zumosol de toda la vida basándose en que es "puro zumo de naranja" o "zumo exprimido", o como lo quieran llamar, porque sea como sea, es mentira. El zumo exprimido es eso que, o bien compras en el Corte Inglés y vale a cojón de pato, o bien te haces en casa y no sale muy barato, pero como las naranjas las compras en mallas de dos kilos ni te enteras. Y para destacar la naturalidad del producto no se les ocurre cosa mejor que tirar de ordenador y currarse un anuncio tipo Matrix lleno de efectos especiales. Cuando lo veo siempre pienso: A - en lo peligroso que deben ser todos esos cristales rotos volando por el bar, B - lo desagradable en general que es verse bañado en zumo de naranja, con lo que pringa eso, sobre todo después de haberte maqueado para que te dejen entrar en el bar de diseño, y C - que cómo le cuentas eso al seguro. Lo que quiero decir es que, igual que el juego de desayuno forrado de piel de Oppenheim (toque erudito, gracias, Bernardo), algunos anuncios despiertan en nosotros sentimientos inconscientes de asco y rechazo, que pueden llegar a provocar una sensación rara la próxima vez que te pares en el supermercado delante de los tetrabricks de Minute Maid.|||95410318|||