6/14/2003 05:56:56 AM|||paaq|||Noche de Spurs
Fue una noche rarísima que terminó con el quinto partido de la final de la NBA. La voz cotidiana de Andrés Montes cerraba aquella calurosa jornada. Entonces me fijé en David Robinson. Ya sabes, el pivot de los Spurs. Ese tipo tiene un porte... bueno, supongo que eso de medir dos metros y palmo y tener la cabeza cuadrada es lo que tiene, que es fácil que te comparen con un caballo, por aquello de "mira qué magnífico ejemplar". Hace un par de siglos los tatarabuelos de Robinson, tras contratar su pasaje en Viajes El Corte Inglés, desembarcaban en el puerto de New Orleans desde su Congo natal y procedían alegremente a ser subastados, opción que siempre ahorra dinero en el billete. Aquellos imponentes macumbas murieron con la espalda destrozada de tener que agacharse demasiado para cultivar el algodón, para que su descendiente se ganara la vida debajo de una canasta en pantalones cortos con el noble oficio de asustar a los rivales. Porque para eso sirve un pívot. Un pívot no sabe botarla -Nabo me va a matar por decir esto-, no sabe correr y no sabe tirar. Lo único, hacer valer su enorme humanidad cuan muralla china frente a las hordas de chavales que saben mil veces más de baloncesto, pero como son personas normales y no gigantes de pituitaria excitada, se joden y tienen que saber hacer hasta calceta para poder jugar unos minutillos. Porque claro, hay muchos y la competencia es lo que tiene. Ya decía mi abuela que lo de la NBA está jodido.
-Abuela, ¿e logo que fago pra xoghar na NBA?
-E... traballares, miña filliña, traballares e deixarte ghiar. Ti xogha muito, ti xogha como un cristianiño e come ben, ¿eh? E vai buscando mosa que voy morrer sen che casares, aaaai que voy morrer e non verei ó meu afilladiño casado coma un home...
-¿E pra mercares una casa en Madrid?
-Ai miña filliña, iso xa é complicado... pero eiquí te-la túa casa pro que a queiras, que é a túa casa, ¿eh?
El caso es que estaba la escultural cabeza mandinga de David Robinson mirando al infinito, contrariado por una falta, cuando pasó por delante Jason Kidd, esa cosa rara de hombre cabezón y medio orco que está casado con una diosa de la belleza, Joumana, a la que enfocan quince veces por partido, y que tienen un hijo que siempre va con ella más cabezón aún que el padre. Cuando les enfocan, siempre te cagas en la cabeza del crío que ocupa tres cuartos de pantalla e impide disfrutar visualmente de la madre. Oye, no es tan difícil solucionarlo: Peter Bogdanovich lo logró en Mask con Cher. El caso es que de Jason Kidd de toda la vida se ha dicho que es medio mulato, cosa que escandaliza y da mucho morbo allá en Estados Unidos, pero aquí nos la suda. Y claro, te lo crees hasta que le ves la napia ganchuda, la piel blanquita y los ojos verdes. Jason Kidd tiene cara de psicópata de la América profunda, de esos que te recogen en una carretera de Nuevo Mexico cuando se te ha jodido el coche y estás haciendo autoestop, y nada más subir a su pick-up te apuntan con una recortada y te dicen que se la chupes. Después de hacer toda clase de guarrerías con tu cuerpo, te asesinan lentamente con algún apero agrícola y hacen toda clase de guarrerías con tu cadáver, y cuando empiezas a oler mal te entierran sin misa ni nada en algún lugar del desierto, a la espera de que aparezca Grissom a resolver el caso. Luego vuelven a casa, porque todas estas cosas las hacen en el granero, y su bellísima mujercita mulata acaba de llegar del estriptis y se pone a preparar la cena para el crío, que ha salido un poco cabezón, pero bueno, es normal: los padres son mediohermanos por parte de padre. En esta zona del mundo la sangre está muy viciada... En fin, que por eso Jason Kidd me da muy mal rollo, que tiene cara de malo, pero de malo desequilibrado. Entre otras cosas, nunca lo he visto sonreír, y alguien que se folla cada noche a una muchacha como Joumana y no se pasa el día con una sonrisa de oreja a oreja es alguien que considera que hay cosas más emocionantes que follar. Vale, jugar la final de la NBA, pero es que ya digo que no sonríe durante los partidos. Yo me refería a, como hacía Henry Lee Lucas, hacer coincidir tu orgasmo con el último suspiro de la persona amada y otras refinaciones necroguarrófilas. Si yo fuera del FBI cogería una pala y me iría al jardín de Jason Kidd a hacer hoyitos. Y de paso metería al crío en un laboratorio de esos del área 51, para investigar cómo es posible que el doctor Szalinski usara su máquina de agrandar apuntando sólo a la cabeza. Pero claro, es que si fuera del FBI estaría ahora mismo viendo la final en primera fila, en nombre de la Sacred National Security, qué cojones, que Mulder y Scully se metían donde querían con sólo enseñar el carnet. Excepto en las instalaciones de Gobierno, que se supone que las pagamos todos los americanos. Hum, menuda mafia está hecha la política, dijo el pobre Simancas. Y ¿qué me dices de Steve Kerr? Sí, el que jugaba en los Bulls. El tipo tiene el porcentaje de acierto de triples más alto de la historia de la NBA, según acaba de decir Daimiel (¿por qué le llaman "ántoni" ahora? ¿se ha nacionalizado catalán?) y está para protagonizar La Lista de Schlinder II, que tiene menos carne que un manillar de bicicleta y todo lo que le pongas encima le queda grotesco y ridículo: las zapatillas, los pantalones, la camiseta... joder, hasta la cabeza de Marlboro Man le queda enorme; menuda sardinilla de hombre y cómo las enchufa. Por cierto, después de hacerse una canasta imposible acaba de irse a abrazar con un diplodocus de hombre que parece el Jefe Brondem de Alguien voló sobre el nido del cuco. Pues bien, este tipo es mongol de Mongolia (o sea, Paula, que no es no-normal), se llama Mengke Bateer y lo mismo podría ser la animadora jefa, porque nadie le ha visto jamás jugar al basket. Este pobre gigante pasó por tres equipos en dos días al principio de la temporada: de Denver a San Antonio pasando por Detroit. Popovich debió pensar que al estar Robinson medio pallá, siempre es bonito acumular toneladas de materia cárnica debajo de la canasta. Claro, se equivocó, pero vete tú a decírselo. Con ese careto de general torturador bielorruso que tiene, Gregg Popovich me tiene acojonao durante los partidos. Se pasea arriba y abajo por la banda y cuando pega un grito se me vuelca el corazón. Si fuera jugador de los Spurs viviría con un tapón en el ojete para no hacérmelo en medio de un partido a la primera bronca. Y es que es lo que siempre digo: ¿qué les cuesta dar amor en vez de miedo?|||95651214|||