5/13/2003 07:08:46 AM|||paaq|||Ferrol era un día de sol en una terracita del puerto un día de julio. Nunca tienen horchata. Estábamos mi tía Kakay, una amiga suya de nombre rarísimo del cual no me acuerdo, y yo. Paseando por la ciudad que sería mi hogar los próximos años. Ah, la amiga de mi tía venía a cuento de que era la ferrolana más cercana que tenía, imagínate el panorama. Habíamos cogido en la oficina de turismo un callejero y lo desplegamos sobre la mesa. Como hacía viento, pusimos las cañas como pisapapeles.

Mi tía también tenía otra amiga ferrolana que abandonó Ferrol en cuanto pudo para irse a vivir a La Coruña. Lo primero que me dijo fue que no viniera a vivir a Ferrol, por lo que la considero la única voz sensata que escuché en aquel extraño período de mi vida.

La primera amiga de mi tía, la de nombre raro, era anémica o algo así. Y claro, como era profesora de instituto estaba siempre de baja. No sé a qué viene esto... Tal vez sea una explicación al por qué no la volví a ver desde aquel día.

Paseamos por el centro, por Esteiro y por el puerto. Es muy difícil para alguien que se ha criado sin mar no sucumbir al poder estético de un buen muelle, de los mástiles de los veleros, los graznidos de las gaviotas, el viento, las grúas, las bocinas, el agua gris verdosa. Supongo que pensé que una ciudad con mar no puede ser mala. Los cojones.

No recuerdo muchas cosas de aquel día. Recuerdo Amboage, el parque, el campus. Ah, el campus. La única universidad que cierra su campus con una valla, que yo sepa. Y el vigilante a la entrada. Hazte a la idea de que yo venía de la Ciudad Universitaria de Madrid, que es de hecho una ciudad, con sus calles, sus edificios, sus leyes, sus paradas de metro, sus viviendas y negocios. El campus de Esteiro en Ferrol era más bien una colección de casas de muñecas encerrada por una valla y con un vigilante armado en la puerta.

Al final del día descubrí, cuando volvía en el coche con Kakay, que había pronunciado mal el nombre de su amiga tres o cuatro docenas de veces. Me sentó mal, pero ni por ésas soy capaz de acordarme.

A la otra amiga de mi tía la volví a ver, e incluso estuve en su casa. Vive al lado del estadio de Riazor, cosa que muchos envidiarían. Pero no le gusta el fútbol y está buscando otro piso.

Ferrol era bonito. No se pueden sacar muchas más conclusiones sobre una ciudad con sólo verla.|||94246861|||