3/19/2003 03:40:53 AM|||paaq|||Una mujer acude al ginecólogo porque no consigue llegar al orgasmo. El médico descubre la razón: la paciente tiene el clítoris en el fondo de la garganta.
La película más rentable de la historia no destaca por su argumento. Corría el año 1972 cuando el mundo descubrió el cine porno, gracias a la primera cinta de este tipo estrenada en una sala comercial: Garganta Profunda.
La joven Linda Boreman había llegado a Nueva York desde su Texas natal para ganarse la vida como bailarina de streptease. Una noche, su novio conoció a un tal Jerry Gerard y entre copa y copa le comentó que Linda realizaba las mejores felaciones del planeta. Jerry había hecho algunos cortos porno y decidió arriesgarse con aquella muchacha delgada, tras bautizarla como Linda Lovelace, y a sí mismo como Gerard Damiano.
Desde entonces, Garganta Profunda ha recaudado 10.000 dólares por cada uno de los 25.000 que costó, o sea, más de 300 millones de dólares de beneficios, tras cuatro años en cartel en EEUU, una exhibición en el Festival de Cannes de 1974 y múltiples reediciones en vídeo, láser disc y DVD. Resulta un poco difícil comprender hoy en día la importancia de esta película para transformar la sociedad en todo el mundo. El sexo oral pasó a ser una práctica habitual en los dormitorios estadounidenses, mientras que en España florecía el cine de destape. Cuando Bob Woodward y Carl Bernstein comenzaron a desentrañar las mañas de Nixon en el escándalo Watergate, su confidente fue bautizado como Garganta Profunda. El sexo se convirtió en un arma reivindicativa y expresiva para grupos artísticos o progresistas, pero las sociedades occidentales comenzaron a aceptarlo como una forma intrínseca de placer, gracias también a los métodos anticonceptivos. En fin... todo esto fue antes de Ronald Reagan, antes de Margaret Thatcher... antes del SIDA.
Linda Lovelace recorrió aquellos felices años proclamando, de hecho, el sexo como algo divertido y apetecible, pero tardó ocho años en volver a rodar una película pornográfica -y lo hizo por necesidades económicas-. Tras convertirse en un icono de los 70, Linda tuvo problemas médicos -las secuelas de una vida llena de drogas, sus implantes de silicona, una transfusión de sangre con donante hepatítico- y poco a poco abrazó la fe cristiana. Su recorrido es el de la sociedad estadounidense, que jamás se ha mostrado tan religiosa como hoy en día. Se trasladó a Colorado después de divorciarse, cambió por enésima vez su apellido, trabajó en un almacén hasta que sus varices la obligaron a dejarlo. Recorrió el país dando conferencias sobre su experiencia, convertida en una activista contra la industria pornográfica. Llegó a decir que Garganta Profunda había sido una larga violación, que había rodado las escenas más atrevidas con un revólver apuntando a su cabeza. A medida que Linda Lovelace renegaba de su pasado, la industria que tanto había contribuído a levantar se hacía más y más poderosa. Cuando murió tras un accidente automovilístico, el 22 de abril de 2002, la industria pornográfica mundial movía unos 80.000 millones de dólares anuales. Por cada película no pornográfica que se rueda ahora mismo en Estados Unidos, siete pornos están en marcha.|||90963820|||