3/17/2003 10:34:36 PM|||paaq|||Gloria ha perdido al niño... casi la perdemos a ella...

Intenta hablar de otra cosa un día así.

Y sin embargo, mierda, mierda, mierda, en mi estilo más pedante y grandielocuente...

Hace un par de horas el presidente de los Estados Unidos de América ha anunciado la sentencia del juicio por el que su gobierno ha condenado al pueblo de un remoto país, Irak, a la peor de las penas: la guerra.

Durante doce minutos, George Bush ha desgranado los motivos para la masacre, cada uno más absurdo y falso que el anterior, trufando su discurso de palabras como paz, democracia y libertad. Sólo el empleo de estas palabras para justificar esta matanza injustificable ha rebajado su intervención al nivel de las de Haile Selassie, Idi Amín o Jorge Videla. Cuando éstos emprendieron sus propias guerras hace años usaron estas mismas palabras, pero nadie les creyó porque sólo puede hablar de democracia el que gobierna en democracia, sólo puede hablar de paz y de libertad el que trabaja por la paz y por la libertad.

No digo que George Bush no gobierne en democracia. No digo que no trabaje por la paz y por la libertad. Pero si no es así, lo disimula muy bien al actuar en contra de su pueblo, declarar la guerra a un país que no le ha ofendido y restringir derechos civiles en nombre de la seguridad nacional ¿Alguien va a creer pues, a George Bush cuando pronuncia "paz"?

El gobierno estadounidense ha actuado exclusivamente en nombre de unos intereses que apenas atisbamos, sin contar para nada con las necesidades u opiniones de su pueblo, lo que bastaría para que el rechazo internacional fuera unánime. Y sin embargo, no ha sido así. Otros dos gobiernos, los de España y el Reino Unido, le han secundado en esta masacre anunciada. La diferencia es que las amenazas a las que Bush ha sometido a sus ciudadanos no han surtido efecto a este lado del Atlántico, y la opinión pública ha salido a la calle para decir No a la Guerra.

Hemos gritado mucho y muy alto, hasta la afonía, porque quien decide vivir en las alturas no oye bien lo que pasa en la tierra. Pero en este caso el presidente español, el hombre en quien diez millones de personas confiaron para servirles, ha necesitado algodón en los oídos. Durante meses, José María Aznar ha repetido como un eco los motivos e intenciones del gobierno estadounidense. Nada hay que reprocharle pues al discurso del gobierno español, porque no ha sido más que una traducción del de aquél al castellano. Tal vez un cierto acento texano. Pero cuando desde las nubes se hablaba de paz, lo que caerá sobre la tierra serán bombas. Cuando se hablaba de libertad, en la tierra aparecerán cientos de miles de soldados dispuestos a invadir un país ajeno. Cuando se hablaba de prosperidad, el pueblo irakí verá cómo un gobierno impuesto ofrece sus recursos a los mercaderes del país invasor.

No sé lo que esta guerra supondrá en un futuro. Tal vez dentro de unos años el mundo árabe sea un polvorín de terroristas suicidas antioccidentales. Tal vez sea una región en paz. No lo sé. Pero el crimen contra la humanidad se comete ahora, independientemente de sus consecuencias. Hoy han caído la ONU, la OTAN y varias democracias occidentales. Levantarlas va a ser una tarea difícil, la tarea que a partir de hoy acomenten los pueblos del mundo.

No soy ingenuo. Esta guerra viene a sumarse a las veintitantas que ahora mismo arrasan la Humanidad. Probablemente la única novedad consista en una nueva marca de desigualdad entre los ejércitos combatientes. Pero si conseguimos que en un futuro, algún día, haya justicia, paz y fraternidad entre los pueblos del mundo, ésta no habrá sido una guerra más.|||90877535|||