2/1/2003 05:31:30 PM|||paaq|||Aquel invierno empezó todo.

Stalin lo tenía difícil. Tras haberle hecho el juego a los campesinos ricos, los kulaks, durante varios años, éstos consideraron que tenían suficiente fuerza para influir en los acontecimientos, y en el invierno de 1927 se negaron a entregar productos alimenticios a las ciudades. El pánico se apoderó de la fracción dirigente del partido. La Oposición de Izquierdas, encabezada por Trosky, había advertido del creciente poder de los kulaks en la economía. La Oposición de Derechas, aun oponiéndose a Stalin, era más cercana a su línea ideológica. Ambas fueron purgadas con acusaciones surrealistas; Rykov, dirigente de la Internacional Comunista, cabeza del gobierno soviético y líder de los sindicatos, fue denunciado como agente de la contrarrevolución. Stalin se quedó solo en la cumbre, tras el asesinato, el encarcelamiento o el exilio de lo que había constituido la élite política soviética. En cuanto a los kulaks, la política agrícola dio un giro: el 27 de diciembre de 1929 se decretó la colectivización forzosa de todas las explotaciones del país.

Lenin siempre había abogado por la colectivización de la agricultura de manera gradual y voluntaria, a través del ejemplo, convenciendo al campesino a través de las granjas-modelo, de la introducción de la tecnología más avanzada, tractores, fertilizantes, etc. Stalin fue menos sutil: veinticinco millones de explotaciones agrícolas fueron fusionadas en 240.000 koljoses (cooperativas de producción) y 4.000 sovjoses (granjas estatales). 300.000 familias de kulaks fueron deportadas a Siberia, en un intento de liquidarlos como clase. Viendo el panorama, los campesinos de la Unión Soviética prefirieron destruir sus bienes a entregarlos. En cinco años desaparecieron la mitad de los caballos, del ganado ovino, del bovino y del porcino. La producción agrícola descendió un 30%.

Siete millones de personas murieron de hambre.|||88380812|||