1/23/2003 01:47:08 AM|||paaq|||Un minuto para Guinea Ecuatorial, por favor. Un pequeño país de menos de medio millón de habitantes que era una provincia más de España hace cuarenta años escasos. Un país que sólo conoce la dictadura; a Francisco Macías, bajo cuyo mandato se exiliaron 160.000 personas, le sucedió tras un golpe de estado su sobrino Teodoro Obiang en 1979. Y ahí sigue. Su hijo mayor, Teodorín, es a la vez ministro de bosques y presidente de tres compañías madereras; ha sido detenido varias veces en Francia y EEUU por tráfico de drogas. Durante los años 80 Obiang vendió la isla de Pigalu como vertedero de residuos tóxicos y radiactivos. Hace tres años hizo lo mismo con la mucho más importante de Annobón, en la que vivían dos mil personas de las que no se sabe nada. A finales de los 90, se halló petróleo en el Golfo de Guinea, y Obiang dejó de ser un dictador para ingresar en el club de los amigos de Washington y París. El crecimiento económico del país es desde entonces de un 40% anual. Los holdings petroleros pagan anualmente 300 millones de euros ¿A quién? Bueno, el presupuesto nacional ni siquiera incluye una partida de ingresos procedentes del petróleo.
Un país que tiene más habitantes fuera que dentro de sus fronteras. Un país que en 1950 era la única provincia de España con un 98% de alfabetización se rige hoy por un partido único y tortura regularmente a los líderes de otros partidos. Contra todo pronóstico, Guinea Ecuatorial no ha sufrido jamás una guerra, ni una hambruna, ninguna de esas desgracias que asolan África regularmente. Su desgracia es más bien la de un estrangulamiento lento de los recursos del país, de la gente, de la cultura, de todo lo que da valor a una sociedad. Su desgracia es la confianza en que Europa usará su poder para cumplir con su obligación histórica.
El 16 de enero siete eurodiputados del Partido Popular votaron contra la resolución que criticaba el régimen de Teodoro Obiang. Nunca, nunca confíes en Europa.|||87870372|||