30.11.02

Debían ser las cinco de la mañana. Se me ocurrió algo genial, algo sobre las dos y las tres dimensiones, lo que me habían pedido hacía unas horas. Surgieron en mi mente un par de frases verdaderamente buenas, que sólo habría que engarzar con un poco de oficio. Tenía que llegar hasta el ordenador y escribirlo cuanto antes.

Debían ser las dos de la tarde.
-Cómo te pusiste ayer, ¿eh?
-Sí...
-¿Quieres agua?
-Por favor...
-Te tiraste en el sofá y te quedaste hecho un vegetal. Un auténtico desperdicio humano. Te sacamos fotos, te echamos la manta por encima...
-Uf... no me acuerdo de nada. De lo que (gracias) estoy seguro es de que no habría llegado a casa. Pero creo que eso no es lo peor.
-¿Por?
-Se me ocurrió algo, cuando estaba doblado, y no pude escribirlo. Algo para el a5.
-Escríbelo ahora.
-Se me ha olvidado.





29.11.02

Esta noche he visto Bambola.

Y he aprendido que la mejor manera de ligarse a una moza es violarla analmente un par de veces, amenazar y/o asesinar a los posibles rivales y pegarle todos los días.

Mañana empiezo a ponerlo en práctica.





28.11.02

¿Para qué escribir que he estado en Madrid y por eso no he escrito nada en una semana? Esto no es un diario, quiero creer que soy capaz de hacer algo mejor que contar las cosas que me pasan. Por otra parte, nunca me pasa nada, al menos por fuera. El joven Luis XVI de Francia, casado con María Antonieta, tenía un diario que debido a su posición era leído y analizado por sus cortesanos. Los primeros meses tras su boda, la única palabra que aparecía cada día era "nada", lo que hacía pensar a la corte que el matrimonio no se había consumado. En realidad, el joven y patoso rey pretendía anotar las piezas cobradas en sus cacerías por el Bois de Boulogne. Por otra parte, la corte no andaba errada en cuanto a la consumación del matrimonio, pero ésa es otra historia.




22.11.02

En 1865, la seguridad de los billetes estadounidenses era un desastre; eran impresos en el lugar mismo por los bancos locales en centenares de diseños a lo largo de todo el país. Nadie sabía cómo diablos se suponía que era un billete de dólar, así que los billetes falsos circulaban fácilmente. Si te hubieras encontrado un mendigo que te dijera que un billete de un dólar del Banco del Ferrocarril de Lowell, Massachusetts tenía una mujer inclinada sobre un escudo, con una locomotora, una cornucopia, una brújula, diversos artículos agrícolas, un puente de ferrocarril y algunas fábricas, no habrías tenido más remedio que tomar sus palabras por ciertas. Y, de hecho, lo eran.

Se calcula que una tercera parte de los billetes y bonos en circulación eran falsos, así que Hugh McCulloch, secretario de tesorería, le propuso al presidente Lincoln la creación de una especie de policía de tesorería que combatiera el fantasma de la falsificación. Abraham Lincoln dijo que le parecía una buena idea, aprobó el decreto y fue asesinado esa misma noche.

El Servicio Secreto contó en sus inicios con diez hombres cuya única misión era combatir a los falsificadores. Eran antiguos espías de la Guerra de Secesión y detectives privados al mando de un tipo llamado William P. Wood. Aparte del sueldo, ganaban 25 dólares -de los de verdad- por cada falsificador que detuviesen. No se puede decir que hicieran mal su trabajo, en cinco años detuvieron a más de mil personas. Entonces Wood fue expulsado por pleitear por unas recompensas que no llegaban.

Hoy en día, compuesto por unas dos mil personas, el Servicio Secreto estadounidense sigue siendo un departamento de la Secretaría del Tesoro, pero sus funciones son un batiburrillo de vigilancias y protecciones a los bienes más valiosos del país: el presidente, el vicepresidente, los candidatos a la presidencia, los expresidentes, todas sus familias, los metales valiosos de las bóvedas de la Tesorería, la Declaración de Independencia, originales de la Constitución, determinadas embajadas extranjeras; cuando la Mona Lisa viajó a Estados Unidos en los años 60, fue el Servicio Secreto el encargado de protegerla... y, por supuesto, las falsificaciones de bonos y billetes.

Es sabido que trabajar en el Servicio Secreto supone un sueldo abundante y poco stress. De hecho, es incluso aburrido, principalmente debido a las trimestralidades: salir a la calle cuatro veces al año a entrevistar a todas las personas que hayan sido identificadas como "amenazas para el presidente". Si alguna vez estás en Estados Unidos y dices que quieres matar al presidente, pasarás a formar parte de esa lista que a día de hoy cuenta con más de veinte mil personas y tal vez no vuelvas a hablar por teléfono en privado. Otras tareas son analizar cada anónimo con amenazas que puede haber enviado cualquier paleto de Oklahoma, conversaciones telefónicas, chats y foros en internet, estudiar las biografías de los miembros de la lista, trazar sus perfiles psicológicos, mantener al día, en fin, los gigantescos archivos del Servicio Secreto para intentar anticiparse a cualquier amenaza real hacia alguno de los bienes nacionales protegidos.

Todo esto venía a cuento de que hoy se cumplen 39 años del más sonado fracaso de la historia del Servicio Secreto: el asesinato de John Fitzgerald Kennedy en la calle Elm, en Dallas, delante de docenas de personas, filmado por siete u ocho cámaras y otros tantos micrófonos.





21.11.02

Decir que hoy no he ido a clase porque llovía sería como decir que un barco se ha hundido frente a la costa coruñesa. Mis pobres ventanas eran sacudidas por olas de agua pulverizada que golpeaban la ciudad desacompasadamente. Con las papeleras llenas de paraguas rotos y las aceras de papeles y hojas podridas, con la misteriosa red urbana de ríos que se forma siempre cuesta abajo, con las ruedas de los coches abriéndose camino entre los ríos a base de empapar los pies de los peatones, hoy no valía la pena salir de casa. Y si no puedo salir de casa, para qué me voy a plantear llegar hasta Madrid, fracaso de mí.




19.11.02

-Hay algo raro en todo este asunto de Eva. Me he pasado la semana preguntando por ella y cuando viene nadie me lo dice. Bueno, Pablo, pero él también acaba de amanecer.
-Ya sabes cómo es Eva, igual se decidió a venir dos horas antes.
-Igual...
-¿Piensas llamarlas mañana?
-No sé... es que igual lo hacen aposta... tampoco quiero incordiar, ¿no?
-Ni idea, chico. Yo sólo soy una manzana.





17.11.02

Son las cuatro de la noche y un atasco colapsa el centro de Ferrol ¿El motivo? Una pelea. Desgraciadamente, me he acostado hace unos minutos, con lo que me pierdo los primeros compases, pero cuando me asomo a la ventana la cosa parece ser un típico cuatro contra dos, con el plus de las niñas gritando que paren. A juzgar por los gritos, el de jersei azul que está a puñetazos con uno que no se tiene en pie se llama Marino, y el que tiene agarrado al jevi por el pelo -me duele hasta a mí- se llama Carlocho. Los otros dos están alrededor, esperando su turno como los malos de las pelis de kung fu. Mi vecino de arriba está asomado a la ventana diciéndoles que viene la policía, en un acto que se me antoja absurdo (¿para qué se lo dice? ¿para que se vayan? ¿no quiere que la policía los pille in fraganti? ¿ha llamado a la policía para que cuando lleguen no vean nada? ¿por vocación informativa?). Y, oh sopa maravilla, viene la policía, que en los próximos minutos aparcará hasta tres coches y un furgón debajo de mi ventana. El bando de dos abandona el ring, y el de cuatro saca los carnets por orden de los señores agentes. El vecino de arriba grita que estaban pegando a dos chavales y -miente como un bellaco- que las niñas les estaban ayudando. Las niñas protestan. Los muchachos intentan convencer a los policías de que aquí no ha pasado nada, venga, si ya nos íbamos para casa. Y aparece de nuevo el bando derrotado, pero ahora -ojo al dato- ya son cuatro. Así que la igualdad, contra lo que creía Kissinger, propicia la guerra. Y la guerra se reanuda bajo la atenta mirada de la policía, que actúa como árbitro y como frustrado apaciguador. Entretanto, se han ido desplazando calle arriba; ya no les entiendo cuando pasa algún coche y no distingo muy bien. Pero creo que el Carlocho ha vuelto con el del pelo largo. La policía se va. Ya en la esquina de arriba, a unos sesenta metros, todos quedan hablando con cierta tensión.

Y cuando debería haber acabado la cosa, un Peugeot 106 blanco aparece en escena a unos cien kilómetros por hora, choca lateralmente contra el Mercedes que había aparcado debajo de mi ventana y se deja el retrovisor en el empeño, lo que no le hace detenerse, y desaparece calle arriba rozando a los de la pelea. Dos muchachas que lo han visto recogen el retrovisor y lo dejan encima del capó del Mercedes.

Y en ese momento, se impone el espíritu de redactor de aaiunea.net y me visto, salgo a la calle, recojo el retrovisor, lo meto en casa, y me encamino calle arriba por ver de cerca cómo continúa la cosa. Son las cuatro y media. Están hablando, en punto muerto, de éstos que pueden desembocar en cualquier cosa, pero lo más probable es que acaben todos abrazados. Me encuentro a Kiko un poco más adelante, de camino al Desván; él también lo ha visto todo. Así que me meto en casa, saco un par de fotos, me pongo a escribir este post... y entra en acción Edi. Un tipo de la banda del peludo que no había participado en la pelea y que tiene una potente voz de tenor que despierta a toda la calle. Y una fuerza de caballo. Emplea la cabeza de Carlocho para romper el cristal de un portal, y el jersei de Marino para barrer los cristales, con Marino dentro. Son las cinco y diez. Carlocho tiene la cara llena de sangre, una docena de muchachas sujetan a todos los contrincantes; Edi grita... no, declama, tiene una voz espectacular; Carlocho le amenaza a distancia blandiendo una valla de la obra. El peludo pone cara de "mira qué buen amigo tengo". Y aparece otra vez la policía. Pero, factor sorpresa, esta vez Edi y Carlocho escapan a todo correr, y la acción se desplaza fuera de mi campo. Oigo gritos hacia la Plaza de Armas. Son las cinco y veinte, pero bueno, no pienso irme a acostar todavía. El coche que está aparcado junto al Mercedes es de Aida, la novia de Carlocho (¿o de Marino?).

¿Qué tal un epílogo? Ahí va: bajo una segunda vez, a las cinco y media, para ver qué se cuece en la Plaza de Armas. Dejo una nota en el parabrisas del coche de Aida que dice la pelea de esta noche en www.aaiunea.net. Parecen todos más tranquilos, debe ser por la sangre, pero no veo a Edi. Me acerco hasta Amboage para que me dé el aire fresco en la cara. Y cuando vuelvo a casa, el Ford Escort blanco de Aida ha desaparecido. Espero que estés leyendo esto, y que estén todos bien. Lo de siempre, ya sabes.





16.11.02

-Y lo mejor de todo es que Nabokov, que desdeñaba el factor humano de la literatura, que despreciaba a quien se identificara con los personajes... por eso admiraba tanto a Flaubert, que escribió una novela llena de desprecio hacia sus propios personajes... Nabokov reducía la literatura a dos elementos: estructura y estilo, como... como la gimnasia rítmica, forma y ejecución, ¿sabes?, pues escribió la obra más cómplice con el lector, una novela que desvela el Gran Asunto de la sociedad occidental actual..
-Pero tío, ¿tú te crees que ésta es forma de ligar?
-¿Qué?
-¡Que si ésta es forma de ligar!
-¿No dijiste que te gustaba la literatura?
-¡Claro! ¿Has leído lo último de Pérez Reverte?

Argh.





15.11.02

De la mentira, III

-¿Sabes que Hitler estaba liado con Goebbels?
-No jodas, ¿de dónde sacas eso?
-Me lo acabo de inventar.
-¿Por qué?
-Para asombrarte y quedar bien contigo.
-¿Y por qué me lo cuentas?
-Porque me has preguntado.





13.11.02

Hoy es un día raro. Un día triste en internet. elpais.es ha dejado de ser el referente mundial del periodismo online en español, al preferir unas miserables monedas a la audiencia. Como leíamos en baquía hace unas semanas, en internet la credibilidad se corresponde directamente con el número de links, con la audiencia de la web. Cuando una web se cierra al público, está renunciando a su propia credibilidad. Personalmente, esta página lleva conmigo desde su fundación hace seis años. Leo el periódico todas las noches, con un vaso de leche o zumo junto al ordenador, en una plácida rutina que, como todas, he creído eterna. Pero no sólo eso. elpais.es ha sido la mensajera de una multitud de acontecimientos durante estos años. La catalizadora de interesantes artículos -Juanjo Millás, Vicente Verdú, Mario Vargas Llosa, Santiago Segurola-, de suplementos dominicales, de... la información. elpais.es era la mejor página de inicio posible, cumplía todas las características necesarias, y además era un buen periódico.

Por eso me siento raro, porque hoy debería ser un día especial por otra cosa. Desde hoy, la dirección definitiva pa ti pa siempre de esta web es www.aaiunea.net, porque me jorobaba que saliera un popup al entrar. Una de las características de esta página es su desinteresabilidad, o sea, que la hago por amor al arte, sin importarme ni la audiencia ni el dinero que pudiera derivarse. Así que si yo no voy a ganar nada con esta web, desde luego no voy a permitir que lo hagan otros. Bueno, un día de estos ya explicaré mejor estas cosas sobre la web, y ya te iré recordando la nueva dirección, hoy estoy algo confuso por todo esto, y como dice Alicia por qué todo es tan difícil...





12.11.02

La gente dice que soy cutre. Y... no lo soy. Es sólo que no saben pedir las cosas, no... no saben traducir lo que dicen. Traducir mentalmente, ¿sabes? Por ejemplo, por ejemplo dice "¿me dejas tus apuntes para fotocopiar?" y no traduce, no piensa qué significa esa frase, no piensa que en cristiano, porque hay que dejarse de adornos para entender, no piensa que quiere decir "después de haberte visto trabajar durante meses, he decidido que no tengo ganas de trabajar yo, así que déjame el fruto de tu trabajo para estar en igualdad de condiciones contigo". Es muy fácil pedir, claro, es lo más fácil; abusar de quien no sabe decir que no. Pero yo sé decir que no. Y dicen que soy cutre, pero no lo soy. Por ejemplo, por ejemplo estamos tomando un café en la cafetería... y la invito, aunque no me lo pida. Pero si me lo pidiese, si me lo pidiese querría decir, traducido y eso "¿te importa invitarme a un café que cuesta una pequeña parte de la cantidad de dinero que vas a gastar hoy?" pues claro que no me importa, es una pequeña cantidad de dinero, el café es barato, y... es un... cómo lo llaman, un agente socializador. Invitar a un café es algo que se hace entre amigos, no cuesta nada. No cuesta... Claro, que tal vez si... si le hubiera dejado los apuntes, no estaría tomando este café yo solo.




10.11.02

Bueno, por fin ocurrió. Acabo de ver En construcción. Claro, podría escribir mil cosas, que si la posesión visual del espacio arquitectónico, que si el guión entrelazado, que si lo bonita que es Barcelona. Pero voy a resaltar otra cualidad de la película: los personajes y su evolución. Una queja que tengo del cine actual es que carece de buenos personajes ¿Cuántos buenos papeles puede haber por película? ¿Uno, tal vez dos? Por supuesto, descartemos a los dos protagonistas de cualquier superproducción, obvia decir que serán guapos, simpáticos y grises. En las películas de Disney, por lo menos, reservan un papel al ayudante del bueno para que se vaya de gracioso. Pero En construcción nos sorprende con seis, siete personajes armados y complejos, atractivos. Después de esto, si algún día me quiero dedicar a escribir cine, no se me olvidará que la mayor falta que comenten los guionistas de la industria actual es la de la imaginación; imagínate si a un guionista se le ocurre meter un moro comunista.

Bueeeno, no me voy a cama sin destacar otra perla: la actitud fascista de los protagonistas finales, los clientes wasp que pronuncian frases del estilo de "hay gente que come en la cocina, pero yo no", "a ver si tiran todas esas casas y viene a vivir gente normal", "yo lo que quiero es que no cuelguen la ropa en el balcón", "¿y cómo hacen para cerrar por detrás para que no entre nadie?". Dedicado a aquellas personas que tienen miedo a salir a la calle.





8.11.02

Normalmente, por profundo y admirable que sea el análisis de una narración, de una obra musical o un cuadro, siempre habrá espíritus que se queden indiferentes y espinas dorsales que no se inmuten. "Asumir nosotros el misterio de las cosas" -como dice tan sagazmente el rey Lear refiriéndose a él y a Cordelia-, es lo que yo sugiero también a todo el que quiera tomarse el arte en serio. A un pobre hombre le roban el gabán (El capote, de Gógol); otro pobre diablo se convierte en escarabajo (La metamorfosis, de Kafka); ¿y qué? No hay una respuesta racional a ese "y qué". Podemos descomponer la historia, podemos averiguar cómo encajan sus elementos, cómo una parte del esquema se corresponde con otra; pero tiene que haber en nosotros cierta célula, cierto gen, cierto germen que vibre en respuesta a sensaciones que no se pueden ni definir ni desechar. Belleza más compasión: eso es lo máximo que podemos acercarnos a una definición del arte. Donde hay belleza hay compasión, por el simple hecho de que la belleza debe morir; la belleza siempre muere; la forma muere con la materia, el mundo muere con el individuo. Si a alguien le parece La metamorfosis de Kafka algo más que una fantasía entomológica, le felicitaré por haberse incorporado a las filas de los buenos y grandes lectores.

Vladimir Nabokov

Y tras haberme leído el magnífico análisis que de La metamorfosis hizo el amigo Nabokov en sus tiempos de profesor en la Universidad de Cornell, me he puesto manos a la obra para transcribir el original con mi viejo escáner, pasarlo a pdf (ocupa medio mega) y subirlo, por si quieres leerlo y no lo tienes a mano:

Franz Kafka - La metamorfosis





4.11.02

-Al fin y al cabo, un general es sólo un tipo que ha pasado suficiente tiempo en el ejército como para llegar a ser general.
-¿Qué miedo, eh?
La ría se difuminaba al atardecer. Risas de niños a lo lejos.
-Supongo que lo bueno es que a esa edad llegan más débiles.





2.11.02

-Es... increíble. Abro el grifo y sale agua.
-No me lo puedo creer.
-Joder, en serio ¿Eres capaz de imaginar la de pequeñísimos avances de la técnica, de la sociedad, durante miles de años, para que abriendo un grifo salga agua? El grifo es... el culmen de la civilización.
-El culmen de la civilización es el teléfono móvil.
-Es el lápiz.
-Es la minifalda.
-Iros a tomar por culo.
-Oye, yo hablo en serio. Conceptualmente el móvil es como el grifo pero sin tuberías.
-Pues yo prefiero un lápiz.