27.7.02
La administración estadounidense ha aprobado el proyecto de sonar de baja frecuencia que la Marina desarrollará para instalar en sus barcos en los próximos años. Este sonar permite detectar los llamados submarinos invisibles, y está previsto que tras su instalación en barcos estadounidenses y británicos cubra el 80% de los mares del planeta.
Sin embargo, para que el ejército estadounidense pueda usar su nuevo juguete ha sido necesaria una exención legal de cinco años de la Ley de Protección de Mamíferos Marinos. El sonar, cuya función -detectar submarinos- se realiza mediante ondas sónicas o ultrasónicas que recorren el agua, puede convertir los océanos en infiernos sonoros para ballenas o delfines. Los actuales sistemas de sonar, junto con el ruido de las hélices de los barcos, provocan actualmente la muerte de miles de cetáceos que varan cada año en las playas de todo el mundo por desorientación. Porque estos animalitos usan su oído para comunicarse y orientarse. Pues bien, el nuevo sistema de sonar generará un ruido de hasta 215 decibelios. Para que te hagas una idea, si pegas la oreja a un altavoz en un concierto estarás experimentando un ruido de 180 dB. Así que imagina lo que le pasa a una ballena que sufre un ruido mayor durante años. En realidad, el ruido dura poco, porque los tímpanos estallan a los pocos segundos, provocando pequeños derrames cerebrales... en fin, algo bastante desagradable. Y eso es lo mejor que le puede pasar. Porque también puede que los tímpanos no estallen. Imagina que empieza a sonar una sirena de 200 dB, ¿qué haces? Correr, claro, intentar escapar. Pero el ruido debajo del agua no es tan fácil de evitar, se propaga durante kilómetros. Un dato interesante: en las pocas pruebas del nuevo sonar que se han efectuado, las playas más cercanas se poblaban inmediantamente de ballenas y delfines que varaban huyendo del ruido.
¿Cómo hemos podido vivir hasta ahora sin este maravilloso invento?
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08:17
25.7.02
El señor Leopold Bloom comía con deleite los órganos interiores de bestias y aves. Le gustaba la sopa espesa de menudillos, las mollejas, de sabor a nuez, el corazón relleno asado, las tajadas de hígado rebozadas con migas de corteza, las huevas de bacalao fritas. Sobre todo, le gustaban los riñones de cordero a la parrilla, que daban a su paladar un sutil sabor de orina levemente olorosa.
Así comienza el librito que he estado leyendo todo el día. Bueno, en realidad éste es el principio del capítulo 4, pero es la presentación del protagonista, un hombre cualquiera, Leopold Bloom, un día cualquiera, el 16 de junio de 1904, en una ciudad cualquiera, Dublín... ¿te va sonando?
James Joyce era aquel día un joven universitario de 22 años que tenía una cita con una camarera llamada Nora Barnacle. Picasso no había pintado aún Las Señoritas de Aviñón, Kafka no había escrito su primer libro y Le Corbusier no había construído su primer edificio. África estaba pacíficamente repartida entre los países europeos, el Imperio Austrohúngaro ocupaba la parte de Europa Oriental que no ocupaba el Otomano. Rusia era una lejana monarquía que aún no había vivido su revolución de 1905. Ningún país del mundo permitía votar a las mujeres, España formaba parte del selecto grupo de las democracias parlamentarias en un momento en el que las masas empezaban a contar para la toma de decisiones políticas, lo que propiciaría la polarización ideológica, la creación de mitos colectivos, nacionalismos, las tensiones que estallarían en las dos guerras mundiales. El 16 de junio de 1904 era un día tranquilo en casi todas partes de un mundo que intentaba comprender las leyes de la evolución, el recién enunciado psicoanálisis o las teorías atómicas de Planck. Era, en definitiva, otro mundo. Ulises fue entregada al editor, después de una docena de años de trabajo, en 1922. Probablemente Joyce no tenía ni idea de lo mucho que cambiaría el planeta mientras él se encerraba a describir un día de verano. Las ideas que hasta hoy dominan nuestras vidas, desde el arte hasta la historia, pasaron por encima de una novela tan magistral que a su vez marcó con una línea roja el inicio de la literatura moderna. Y dicho esto, sigo leyendo, sólo me faltan unas quinientas páginas...
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03:51
23.7.02
Decía Lluís Bassat en su Libro Rojo de la Publicidad que como profesional del sector siempre se había negado a mentir sobre las bondades de los productos de sus clientes. Pese a lo que opine el señor Bassat en su pomposo libro, la mentira es una táctica publicitaria. No hablo de la ocultación de verdad, de la manipulación de datos, no. Hablo de la mentira consciente, ese fabuloso concepto. Vivimos en una sociedad que considera punible mentir en muchas situaciones, en una comisaría, en un examen, en una tienda, o en un anuncio de una revista. Resulta incluso sospechosamente amable esa gracia que se otorga a un acusado de delito de no estar obligado a declarar en su propia contra, concediéndole así el privilegio de la mentira que no disfrutarán los demás testigos.
Revista El Jueves, número 1312, del 17 al 23 de julio de 2002, o sea, la de esta semana. Cuando uno llega al water y descubre que sólo hay una revista, y ya la ha leído, la relee fijándose en cosas a las que normalmente no prestaría atención. Como los anuncios de servicios a móviles, ya sabes, mensajes, logotipos y todo ese tipo de chorradas. La penúltima página de la revista está ocupada por uno de estos anuncios: Mobile-Discount es su título, circundado por dos eslóganes: ¡¡Super precio!! y ¡¡Logos y melodías al mejor precio!!. No parece muy aventurado deducir que la principal virtud de esta empresa sobre sus competidoras es el precio, ¿no? En este caso es fácil averiguarlo, porque todos los anuncios tienen los precios indicados en la parte de abajo, en la letra pequeña. Y allí leemos: Coste por mensaje: 0'9€ + IVA. Coste por logo o melodía 1'8€ + IVA. Vaya, en principio 1'80 euros parece caro de cojones para un dibujo en el móvil, pero como no soy consumidor del producto lo mejor será la comparación con los demás anuncios de la revista: Página 27, anuncio de Vizzavi, 0'60 euros. Página 41, anuncio de Movilisto, 0'90 euros. Página 53, anuncio de... alguien, 0'90 euros. Página 71, anuncio de Knal Móvil, 0'90 euros. Vaya, vaya, los colegas de Mobile-Discount resultan al fin ser el doble de caros que sus competidores, qué pillines (la otra manera de verlo es que eso sí es un ¡¡super precio!!). Bueno, si tenéis algo que decirles he aquí la dirección que aparece en el anuncio: info@kiwee.es. Por mi parte, si alguien es capaz de gastar dinero en un dibujo para la pantalla de su móvil, merece que le cobren 1'80 y 2 y y 5 euros y lo que les dé la gana, así que tampoco me preocupa el guisado.
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08:00
20.7.02
Economía somalí
La última vez que Somalia tuvo algo similar a un gobierno "normal", con recaudación de impuestos, servicios sociales y leyes en vigor, fue durante la sangrienta dictadura de Siyad Barreh. Cuando una revuelta derrocó a Bayeh en 1991, el poder pasó a manos de los señores de la guerra rivales, los famosos warlords, que desplegaron sus ejércitos privados para lucha entre sí mientras millones de somalíes se morían de hambre. Somalia, un país desértico que se ocupa el cuerno de África, tiene una curiosa característica: todos sus habitantes pertenecen a la misma etnia (somalí), hablan el mismo idioma (somalí) y profesan la misma religión (islam sunní). Es el único país de África del que se puede decir tal cosa. Y sin embargo son incapaces de entenderse lo suficiente como para vivir en paz unos con otros. La división social de Somalia se realiza en base a los clanes. Cada uno de los doce clanes somalíes es el grupo de personas descendientes de los primeros doce habitantes del país, y llevan el nombre de éstos. Los clanes se organizan en subclanes, con los que el somalí se siente mucho más identificado. Hoy en día, el noroeste de Somalia está controlado por el clan Isaaq, que ha proclamado la República de Somaliland. En el noreste, el clan Darod intentó proclamar la República de Puntland con menor fortuna. La capital del país es Mogadiscio, situada más bien al sur, en la costa del Océano Índico, en la que se libra una batalla ininterrumpida desde hace once años. Tal vez el episodio más famoso de ésta fuera la noche del 3 de octubre de 1993, cuando tropas estadounidenses bajo mando de la OTAN decidieron tomar partido secuestrando al líder del clan Habr Gedir, y metieron sus helicópteros y carros de combate en un avispero de cinco millones de habitantes, una de las ciudades más grandes de África y sin duda la que ostenta una mayor proporción de armas por metro cuadrado. Tras la muerte de dieciocho soldados en treinta horas de frenética persecución, Estados Unidos abortó la operación. Habían muerto mil somalíes.
El impacto causado por las bajas estadounidenses apagó cualquier deseo intervencionista de las potencias occidentales, que abandonaron el país a su suerte, convencidas de que en pocos años se convertiría en un segundo Sudán, hundiéndose en los abismos del hambre y la guerra. Pero no ha sido así. La guerra no se ha apagado, pero en Mogadiscio, ciudad dividida en cuatro partes (tres clanes y una fuerza gubernamental de consenso), hay diez compañías telefónicas que compiten ferozmente. Sus servicios son en algunos casos incluso más eficientes que los que ofrecen las telefónicas españolas: el servicio de telefonía fija está activo a las ocho horas de solicitarlo, por once euros al mes; el servicio de móvil es instantáneo; las llamadas locales son gratuitas y las internacionales cuestan de 65 céntimos a un euro por minuto. Las aldeas más recónditas están conectadas a alguna central mediante radio de onda corta. El servicio telefónico ha sido el motor de la actividad económica, que continúa con fábricas de todo tipo -alimentación, plásticos, -, hostelería, servicios comunitarios, en fin... todo lo que caracteriza a una economía activa. Pero ¿de dónde sale todo el dinero necesario para poner en marcha un país de esta manera? Pues de la diáspora. Hay más de un millón de somalíes trabajando en todo el mundo, que envían 700 millones de dólares al año. Tan sólo a Mogadiscio llegan mensualmente 20 millones de dólares. Todo este dinero se mueve mediante el sistema de al Bakarat, que se hizo tristemente famoso a raíz de los atentados del once de septiembre. Un somalí acude, por ejemplo, a un agente en Nueva York y le entrega cien dólares destinados a su familia en Mirsaale. El agente llama por teléfono o envía un fax a su colega en Mirsaale, y el dinero llega a la familia en cuestión de minutos. El cómo se pongan de acuerdo los agentes no es asunto del consumidor.
La economía somalí tiene además varias características debidas a la guerra. Tras su abandono internacional en 1993, no ha recibido créditos de ayuda al desarrollo, por lo que no se ve lastrada por la obligación del pago de la deuda externa como sus vecinos Etiopía y Kenia. Por otra parte, al carecer de un gobierno central, no habría con quién negociar. El sistema de clanes es tan poderoso que ha conseguido neutralizar otra de las amenazas de la región: el fundamentalismo islámico. En los años 80, Arabia Saudí gastó fortunas en la puesta en marcha de un grupo terrorista, Al-Ittihad, que llegó a amenazar con la conquista del poder. En cuanto se desató la guerra civil, cada miembro de Al-Ittihad se alineó con su clan, por lo que el movimiento perdió casi todo su poder en unos meses. La moneda oficial de Somalia es el chelín somalí, pero cada warlord imprime su propio dinero, por lo que el chelín se devalua a velocidad de vértigo. Los pocos somalíes que manejan dinero pueden llegar a ganar fortunas con las especulación en unos días; tienen a su disposición una docena de monedas diferentes cuya política está basada en los caprichos de una cúpula militar ¿Son éstos los signos de un país optimista y ejemplar? No creo. La tasa de mortalidad infantil es de 211 por 1000 niños, la mitad de la población no tiene acceso al agua potable y el número de hijos por mujer es de siete. Dejando aparte la infibulación, claro.
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07:50
19.7.02
Esta noche, déjame que te cuente una de las más extrañas manías de mi padre: Mirar el Pescado. La he podido comprobar hoy una vez más porque hemos ido hasta Carrefour para comprar un adaptador para el flamante reproductor mp3 que me he comprao (laralá laralá) y poder oír el musiqueo en el coche (más laralá). El caso es que es físicamente imposible acudir a uno de estos centros sin que mi padre se haga su paseo por la pescadería. La cosa comienza por un "vamos al fondo, que está lo-que-sea-que-venimos-a-comprar". Así que vamos. Y una vez allí mi padre se desvía se desvía hasta que establece contacto visual con el mostrador del pescado. Y allá va. A partir de ahora, más vale tener paciencia, porque recorrerá el mostrador de esquina a esquina sin hacer caso a la pescadera que regularmente le preguntará "¿quiere algo?", de las colas que atravesará o de los familiares tirándole de la manga de la camisa. Mira los precios, comentándolos entre dientes con los que había la última vez que Miró el Pescado "subiron moito os pescados baratos", el tamaño "sonche ben pequenos os mexillós", la frescura "teñen mal color, ¿eh?", las novedades "¿e de dónde saiu este peixe?" (del mar, papá), la procedencia "ay, chilenas chilenas...". Todas las tonterías, en fin, que mascullaría un amante del pescado, un pescatófilo o algo así ¡Pero es que mi padre no lo es! Nunca compra pescado ni marisco, no lo cocina, no pesca, no tiene pecera, no le gusta desaforadamente a la hora de comer. Sólo le gusta en el mostrador de una pescadería. Recuerdo de pequeño la aburridísima peregrinación anual, siempre en mitad de vacaciones, a la lonja de El Grove. Mi padre Miraba el Pescado, mi madre nos aguantaba a María y a mí para que no escapáramos. Nunca comprábamos nada. Bueno, recuerdo haber comprado una vez cerillas a un tipo que las vendía en la puerta. Es todo tan raro...
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06:32
17.7.02
Hoy he conocido a una niña que se parecía a Gabi. Obviamente, su parecido se reduce a lo físico -y a lo que se dejan ver-, pero sin darme cuenta me he pasado la noche esperando alguna coincidencia: alguna palabra, algún gesto, alguna experiencia pasada. Nada, por supuesto, y me da la impresión de que en realidad es Gabi, con quien no hablo desde hace días, quien se parece a Rebeca.
Durante un tiempo tuve una rara costumbre. A veces me cruzaba con alguien por la calle, y si se parecía bastante a mi abuelo, por ejemplo, le miraba a la cara, convencido de que ese señor tenía en alguna parte un nieto que se parecía bastante a mí. De esa manera creábamos el mito de los dos universos conviventes, como aquel otro de... bueno, eso lo dejo para mañana que no está el verano para malgastar ideas.
En cuanto a la imagen de la izquierda, lo siento pero no estoy en Ferrol, aquí no tengo material gráfico y ni siquiera puedo crearlo, hasta finales de semana no habrá otro episodio histórico.
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03:48
16.7.02
El País de hoy, o sea, de ayer:
En las librerías de las ciudades santas de La Meca y Medina se vende un libro recuerdo de 1.265 páginas que recoge una especie de "grandes éxitos" de las fatwas sobre la vida moderna. Está lleno de normas sobre cómo rehuir a los no musulmanes, no sonreírles, no desearles que pasen unas felices vacaciones o no dirigirse a ellos como 'amigo'. Una fatwa del jeque Mohammed Bin Othaimeen aborda la cuestión de si el buen musulmán puede vivir en tierra infiel. El fiel que se vea obligado a vivir en el extranjero deberá "albergar enemistad y odio hacia los infieles y abstenerse de considerarles como amigos", se puede leer en él. Los saudíes niegan que este tipo de enseñanzas engendre terroristas. "Bueno, por supuesto que te odio por ser cristiano, pero eso no quiere decir que te quiera matar", explica un profesor de Derecho islámico a un periodista de visita en Riad. Buen rollo, ahí. "Por supuesto que te odio", dice el profesor universitario como quien dice "sé leer". Porque en el mundo hay demasiadas comunidades en cuyo proceso de socialización el odio es un factor determinante. Hay países enteros, como Arabia, llenos de gente que me odia. Ey, no es un pensamiento presuicídico adolescente. A ti tambien te odian. En momentos como éste -llevo tres días en Lugo y no he visto a nadie salvo a mis padres- incluso es un pensamiento reconfortante.
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02:27
13.7.02
Novela negra informática
El miércoles se me colgó el ordenador. Me pasé la noche reinstalando Windows, pero por alguna misteriosa razón internet no acababa de rular. Como ya amanecía, me fui a la cama. La noche del jueves fue una emocionante recopilación de análisis y técnicas de resolución de problemas informáticos. Resumiendo, no había problemas para conectarse con ninguna de mis tres cuentas (Terra, Ya y Eresmas), pero después de hacerlo no se encontraban servidores ni http ni ftp ni de correo ¿Y qué quiere esto decir? Cada vez que pedimos algo, lo que sea, a nuestra amiga internet, nuestra petición pasa por un servidor DNS que ejerce de guía para los pequeños bits en la inmensidad de la red. Si, tras conectarnos, el programa de correo nos dice que no encuentra el servidor, el navegador nos dice que no encuentra el servidor y el ftp nos dice que no encuentra el servidor, se deduce que lo que falla es nuestro amigo el servidor DNS. Así que en estos casos se revisa la configuración del TCP/IP, se llama a Terra cuatro o cinco veces para ver si dan alguna solución, y si la dan será por casualidad, se pasa el antivirus, las Norton, se pegan tres patadas al ordenador y se vuelve a la cama. No te voy a contar cómo descubrí, tras mil casualidades, una misteriosa carpeta en mi disco duro que era la base de todo el problema: C:\Archivos de Programa\Newdotnet. Esta carpeta contiene un programa comúnmente encuadrado en el grupo de los spyware, esto es, programas que recopilan información personal del usuario y la envían a sus servidores. Además, hacen surgir popups durante la navegación y en los casos más duros colocan banners propios por encima de los que nos proporcionan las páginas que visitamos.
Así que las buenas gentes de New.net habían conseguido colarme uno de sus seudovirus. Bueno, teniendo en cuenta que cada vez que te instalas un programa de intercambio de archivos como Imesh o Kazaa se te instalan de regalo otros diez o quince spyware, no parece un gran problema. Pero, oh, en la carpeta que antes mencionaba había un archivo Readme.txt. Esto no es nada común, pues a un programa spyware no le interesa que el usuario se percate de su presencia. Y éste ofrece incluso un manual de uso. Un manual de uso delicioso, pues me dio las claves necesarias para solucionar mi problema con la conexión. Te desgrano alguno de sus mejores párrafos con su traducción:
The New.net Client Application provides accessibility to the New.net extensions sold at http://www.new.net. The software installs at the OS (Operating System) level so that all DNS functions for a New.net extension will work properly. New.net registers domain names under extensions such as .agent . inc. .love .shop .sport.
New.net es un programa chachipiruli pero que no te servirá para nada que te conecta a una red propia a base de no sólo cambiarte la configuración de tu ordenador, sino ocultándote además ese cambio.
The New.net Client Application is currently distributed with the following software titles: Go!Zilla, Babylon, Cydoor, GDivx, WebShots. The New.net Client Application, if selected to install along with the distribution partner's software, will install after the distribution partner software installation.
New.net se instala de tapadillo con una media docena de programas que tiene todo el mundo, sin avisarte de ello.
The New.net Client Application has a built in auto-update feature that automatically checks New.net's servers periodically for newer versions. If a new version is found, it is automatically downloaded and installed with no need for interaction by the user.
New.net no sólo se te instala de buen rollo. Además, se actualiza cuando y como le viene en gana, ocupando el ancho de banda necesario para ello.
There are no known issues with the current version of the New.net Client Application.
No tenemos constancia de que nuestro virus produzca fallos. Sí, es cierto que aplica una capa de software para cambiar toda la configuración de los ordenadores en que se instale, pero no creemos que produzca molestias al consumidor. Vamos, como windows es algo tan fiable y a nosotros lo que más nos preocupa en el mundo es no molestar ni estorbar...
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00:44
10.7.02
Soledad... El móvil no tiene batería. No lo he tocado desde la última vez que lo recargué.
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23:35
9.7.02
El miércoles 22 de mayo de 2002, hace poco más de un mes, se reunieron en Jartúm el Ministro sudanés de Asuntos Religiosos y el director del Centro de Estudios de la Mujer de la Universidad Islámica de Omdurmán, junto con otros representantes y altos cargos del gobierno islámico sudanés. Los motivos de la reunión eran tres:
- Legalización de la mal llamada circuncisión femenina - Concienciación de la sociedad acerca de la importancia de esta práctica - Establecimiento de una red de centros de aprendizaje para las mujeres que la practican
Para llevar a cabo estas nobles propuestas se prometió toda la ayuda necesaria al Centro de Estudios de la Mujer de Omdurmán, incluyendo partidas presupuestarias, materiales y humanas. Esto quiere decir que, mientras nosotros buscamos un hueco en la playa, en un sitio como Sudán, fascinantemente ignorado por los medios de comunicación de todo el mundo, el gobierno no se limita a exterminar a las tribus del sur y mentir sobre ello en los foros internacionales, sino que potencia aspectos de la tradición tan deleznables como éste.
135 millones de mujeres en todo el mundo viven sin su clítoris. Cada quince segundos, una más se suma a la lista. Pero no le preguntes sobre ello al alcalde de Madrid, te responderá que es un asunto privado y además de mal gusto.
Por último, un artículo contra el malvado intervencionismo capitalista que decide a golpe de biblia lo que está bien y lo que está mal, para que veas hasta dónde se pueden retorcer las cosas.
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02:41
5.7.02
Vaya, vaya vaya vaya vaya. Resulta que esta noche no se me ocurría qué escribir, y a las doce menos cuarto recibo una llamada. Mis fuentes me confirman que está a punto de producirse el Gran Acontecimiento. Me pongo los tenis y, un momento, la cámara de fotos. La tiene un compañero de clase, al que llamo. Está en Lugo, con lo que tendré que olvidarme de hacer el mejor reportaje fotográfico de mi vida. Pero en fin, me queda este maravilloso invento que es la narración:
Son las doce menos un minuto de la noche del 4 de julio de 2002 cuando llego a la Plaza de España. Antes de doblar la última esquina no se oye nada que haga suponer que allí hay concentradas más de seis mil personas ¿Qué miran? Pues una enorme estatua rodeada de andamios y encerrada en una jaula que se alza en medio de la Plaza al lado de una grúa, tras las vallas de aluminio. Cuatro o cinco obreros están encaramados a la estatua, con escaleras, cintas, escoplos y sopletes. El espectáculo ya dura una hora, y a él asisten todo tipo de personalidades, desde el alcalde a las parejas de jubilados. Las ventanas de todos los edificios de la Plaza están iluminadas y muestran las siluetas de sus habitantes, salvo los tres edificios institucionales: la Xunta, la Biblioteca y uno del ejército que no sé cuál es. Las aceras están obviamente rebosantes de gente, pero los coches circulan por la calzada sin complicaciones, parándose en los semáforos mientras sus ocupantes miran hacia la estatua con la misma curiosidad que el resto de la gente. Los flashes, que hasta ahora han sido esporádicos, se animan cuando a las doce y cinco la grúa baja su brazo y empiezan a enganchar la jaula. Después, y sin prisa, los obreros encienden el soplete y sueldan las patas del caballo a las vigas que forman la parte inferior de la jaula.
La estatua, el generalísimo, o cabalo, como quiera que se le llame, lleva en este sitio más de treinta y cinco años. Ha sobrevivido a las bombas que regularmente se le colocaban a finales de los 70, a los aires democráticos de los años 80 y a la europeización del país de los 90. Pero parece que no ha podido sucumbir a un alcalde del Bloque Nacionalista Galego, formación política que lleva abogando desde sus inicios por retirar la estatua de Franco de la plaza más importante de Ferrol. Estos últimos dos años han sido duros para la paz social de la ciudad. La estatua, quiérase o no, es un símbolo de la ciudad. De la misma manera que si viajamos a Afganistán, al llegar a Kandahar encontraremos en su plaza mayor a los ahorcados por adulterio colgando de farolas, al llegar a Ferrol la gente se encontraba con la megalómana estatua de Francisco Franco. Ya sabías dónde te metías. Hay mucho cariño por el generalísimo -palabra que he oído bastante más que "caudillo"- teniendo en cuenta que durante treinta y cinco años fue el sumo gobernante de España, y Ferrol era la ciudad mimada, ocupada en más de la mitad de su extensión por astilleros, arsenales y puerto. Sin embargo, Franco nunca le tuvo cariño a sus orígenes, y como jefe de estado sólo vino a Ferrol una vez.
Son las doce y veinte minutos y los obreros siguen con el soplete. Empiezo a temer seriamente por una grúa que me parece demasiado esbelta para sostener una estatua que ha sobrevivido a bombas que rompían todos los cristales de la Plaza, hace veinte años. La gente se empieza a tomar la reunión como un asunto más bien festivo. Las frases más pronunciadas son "¿y tú aquí?" "pues ya ves", pero no se escuchan ni insultos ni alabanzas, cosa que después de dos años escuchando en la radio a furibundos ciudadanos clamando por la permanencia de la estatua o por tirarla a la ría, francamente, esperaba. El primer movimiento no es de ascensión, sino lateral. Y de hecho casi nadie se ha dado cuenta "¿no ha girado un poco?" "no" "sí, mira" Y lenta, muy lentamente, la estatua despega sus pies del pedestal de hormigón armado y empieza a girar. Aplausos por toda la plaza, algún silbido.
El Ayuntamiento, gobernado por el BNG en coalición con el PSOE, que le arrebató la alcaldía al PP en 1999 por primera vez en la historia democrática de esta ciudad, se ha desgastado muchísimo con este asunto. Después de llegar al poder, el Bloque se dio cuenta de que simplemente no podía llamar a Grúas Vidal y pedirles que retiraran la estatua, en medio de los aplausos populares. De hecho, las primeras críticas de los ciudadanos en cuanto llegó el cambio político fueron en el sentido de "ahora nos quitarán la estatua". Después de un período de meditación, se decidió elaborar un plan que dejase lo menos descontenta a la gente: un aparcamiento subterráneo en la Plaza de España. Cierto es que el tráfico en el centro de Ferrol es espantoso, y encontrar sitio para aparcar, una quimera, cosa que afecta principalmente a los visitantes a la ciudad. Y claro, no se puede construir un aparcamiento subterráneo debajo de una estatua que con su pedestal macizo pesan doscientas toneladas. El argumento nos pareció a muchos un poco cogido por los pelos, pero la sensación de inevitabilidad histórica crecía a medida que se revelaban los planes de obra, los cambios de sentido de circulación en algunas calles, incluyendo la mía, y el corte de los árboles de la Plaza de España que deficultarían las obras. Las primeras opciones que se manejaron fueron cambiar la estatua a otra plaza menos importante, regalarla a alguna fundación -hubo muchas peticiones al respecto- o sencillamente tirarla a la ría. El ejército fue finalmente el encargado de custodiarla para la futura creación de un Museo de la Armada en lo que hoy son los arsenales, museo que creo que tardará bastantes años en platearse seriamente.
A las doce y media decido dar una vuelta completa a la Plaza. La estatua ha tocado suelo a los cuaro minutos y no sé qué están haciendo con ella. Me paro a escuchar los gritos de "¡fascista, cabrón, fora da galiza!" que lanzan los más radicales situados en el cruce con la Avenida de Vigo, o las discusiones "yo soy apolítica, pero ya me dirás a mí qué ganamos montando este jaleo" que se oyen más bien hacia la Carretera de Castilla. Descubro, oh sorpresa, que detrás de las vallas se halla congregada más gente que al otro lado, y que la estatua es perfectamente accesible. La gente la toca, se hace fotos junto a ella, los periodistas se suben al pedestal, ahora vacío y bastante absurdo, para hacer sus tomas panorámicas. Diviso algún compañero de la Escuela, mi peluquero, las chicas de la panadería. Esta noche se celebra una reunión bastante democrática, todo el mundo ha bajado a ver si de verdad se va o cabalo. Y muchas cámaras de fotos y de vídeo, desde las antiguas ocho milímetros hasta las modernas digitales mini-DV, réflex, APS, de bolsillo, compactas, desechables. Inluso veo por primera vez en mi vida una Ricoh RDC4200 que no es la mía (por fin, creí que era la única persona en el mundo que se había comprado esa cámara). La estatua está ahora montada en un remolque de seis ejes, casi a ras de suelo. Me acerco a ella. Es inmensa. Mide cinco metros de altura, los cascos del caballo son tan gordos como mi cintura. Está sujeta a la jaula por las patas soldadas, como ya dije, y por cintas que recorren el vientre del caballo hasta las vigas superiores. Es una verdadera obra de ingeniería. Los obreros revisan que todo esté en orden, y con otra grúa más pequeña suben al remolque los andamios para llevar todo al mismo sitio en el que será el viaje más excitante de la estatua. Estas operaciones terminan a la una y veinte, cuando el camión hace sonar el motor y se vuelven a oir aplausos. Pasada hora y media, aquí sigue más de la mitad de la gente, cuando va a dar comienzo la procesión. Porque es exactamente eso: una procesión por las calles de Ferrol hasta la puerta de Bazán. Salgo del recinto vallado y me coloco al lado de donde pasará la estatua en unos minutos, cosa que haré varias veces. Es impresionante ver moverse algo tan inmenso. La gente camina a su lado, con cierto ridículo a veces (¿qué hago yo aquí?), por delante y por detrás. En el primer cruce, el de la Avenida de Vigo, hay demasiada gente para pasar, por lo que decido bajar por la Calle Galiano para subir luego por la Plaza del Callao. Cuando llego, la procesión está parada. Las obras del edificio que está al lado del Champion han cruzado un cable por el medio de la calle que impide el paso de la estatua. Un obrero se sube a una escalera y levanta el cable mientras el camión avanza a su paso. Más aplausos. Así llegamos al cruce con la Avenida de Esteiro, que bajamos hasta el Cantón sin más percances que los reporteros de la televisión tropezándose unos con otros al frente de la comitiva.
Sobre el mapa, Ferrol es una ciudad sin mar. El Arsenal y el puerto ocupan la mitad de la costa, y la antigua Empresa Nacional de Astilleros Bazán, hoy Izar, la otra mitad; en ella trabajan miles de personas. Es una ciudad más allá de su muro. El blanco muro de Bazán es famoso, tiene más de ocho metros de altura y cierra la ciudad por el sur, por donde debería estar el paseo marítimo o algo así. Más allá, una ciudad paralela, con sus edificios, naves, calles y habitantes. Por eso son famosas las puertas de Bazán, interrupciones del muro por las que asomarse al universo paralelo. Estas puertas de diez metros de alto cierran de noche con un silencioso suspiro, están perfectamente engrasadas, dando a Bazán la impresión de cárcel de alta seguridad. Personalmente, siempre me pareció que en realidad era Ferrol la encerrada.
Junto a la puerta de Bazán hay aparcado un coche. Un Seat Ibiza que impide el paso del remolque. La gente comienza a agolparse junto a las puertas excepcionalmente abiertas. Los guardias de seguridad de Izar, vestidos de color pardo, son mucho menos simpáticos que los policías municipales. Nada de pasar la línea blanca, nos dicen a las mil personas que calculo que quedarán a estas horas, Son las dos en punto cuando llegamos, y los policías se miran unos a otros y gritan si alguien sabe de quién es este coche. La gente se lo toma a cachondeo "Luis, foder, saca o coche que non vai pasa-lo cabalo" "Ramón, non sexas tímido, que se temos que esperar á grúa non almorzamos". Así que llega la grúa y en siete minutos ha levantado el Ibiza. Por supuesto, aplausos. Aunque la gente opina que cuando se la llama no lo hace tan rápido. Junto a la puerta en sí se han congregado los más radicales, que empiezan a gritar. A mi lado una muchacha aplaude a la estatua y un señor levanta la mano, aunque la baja inmediatamente. Son las reacciones más rancias que veo en toda la noche, y la verdad es que estoy sorprendido por su escasez. La última curva es fulgurante, en un minuto la estatua está dentro. Las puertas se cierran silenciosamente mientras los guardias empujan a los reporteros que quieren la última foto, la última toma, antes del "plom" que hacen las dos hojas de las puertas al juntarse.
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03:42
4.7.02
Cada año por estas fechas se publican los datos demográficos nacionales, que son evaluados con el conveniente maniqueísmo que corresponde a los medios de comunicación: si somos más es bueno, si somos menos es malo. Este año el gobierno se ha de tragar el sapo de conseguir uno de sus grandes objetivos -incrementar la natalidad- a base de negros y moros, así que ha pasado de puntillas sobre el tema. Por mi parte, me fascina la incapacidad mental que muestra un país entero para analizar y extraer conclusiones de unos números tan sencillos. Hemos crecido, ok, somos 200.000 españoles más que el año pasado, ok ¿Alguien sabe por qué es eso intrínsecamente bueno? ¿Alguien tiene alguna idea de por qué hay que crecer indefinidamente? Ah, al fondo se levanta una mano: -Es que las pensiones no se pagan solas y patatín patatán. Ah, magnífico argumento. Las pensiones ¿Son por tanto las pensiones el motivo de tener hijos? ¿El gobierno quiere aumentar la natalidad para pagar pensiones? ¿Los premios a la natalidad que pagaba franco eran para asegurar las pensiones? No. El deseo de aumento demográfico es uno de esos sentimientos ocultos que hunde sus raíces en teorías filosóficas de hace la pera. En primer lugar, está la antiquísima y no evaporada creencia de que un país poblado es un país poderoso. Antes esto se conjugaba "a más población, más chavales que mandar a la guerra", ahora "a más población, mayor mercado". Es cierto que el número de habitantes o presión demográfica pueden legar a ser factores geopolíticos, como en palestina, donde las señoras judías no parecen estar dispuestas a tener ocho hijos para contrarrestar el esfuerzo de las árabes. Claro, viendo las cosas de esta manera estamos metiéndonos en el fango de la otredad, de considerar como necesaria la competencia con el vecino, de considerarnos diferentes, de considerarnos vecinos y no hermanos de los simpáticos franceses y portugueses, de no considerarnos francoportugueses, qué coño ¿Qúe más? El positivismo en el que se basa tooooda la civilización occidental, del que ya estarás hasta el moño de oírme hablar. Hay que crecer, crecer es bueno, el progreso ad infinitum. Venga, hagamos la pregunta final que ya es tarde: ¿Hasta cuándo? Si ser 45 millones de españoles es mejor que ser 40 millones, ¿Ser 50 es mejor que ser 45? ¿60 mejor que 50? ¿100 mejor que 60? ¿1000 mejor que 100? Si fuéramos 62.000 millones de españoles ¿no sería la megarrepera y aznar y los periódicos estarían contentísimos, aunque viviéramos más apretados que en hongkong? Una vez planteadas las dudas, a ver si mañana explico por qué no sólo no está bien, sino que hoy por hoy sería deseable no crecer. Esta noche estoy muy espeso.
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04:32
3.7.02
Ser guapo no es lo más importante en la vida. Basta con parecerlo.
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04:54
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