30.5.02
Vaya, abro el periódico y ¿qué me encuentro?:
El Gobierno esgrime que el año pasado hubo 400.000 rechazos a ofertas de trabajo del Inem
En la misma noticia, una frase:
Asimismo, un importante grupo empresarial ha expresado su malestar al Gobierno tras haber tenido hasta 1.000 rechazos para un puesto de trabajo.
Parados españoles, Chema no está contento con vosotros. Y a la que rechacéis tres empleos os echarán del INEM. La reforma laboral es de hecho una bienintencionada aplicación de la lógica de nivel 1 que emplea el PP. En nuestra central de datos, a la que llegan ofertas y demandas de trabajo, tenemos miles de parados y tenemos miles de ofertas de empleo sin cubrir. Ergo, forcemos a los parados a cubrir las ofertas de empleo. Sin embargo, esto implica un desequilibrio importantísimo, por ejemplo en el caso de la segunda cita. Si una empresa ofrece un puesto de trabajo y éste recibe 1000 rechazos, ¿no será que las condiciones ofrecidas son realmente indignantes? ¿Van a forzar a una persona en paro a aceptar un puesto de trabajo que en condiciones normales rechazarían otras 1000? Esto querría decir que, gracias a la reforma laboral, las empresas ofrecerán puestos de trabajo que no tienen por qué ser atractivos para el demandante, esto es: las ofertas de trabajo se ajustarán a las condiciones mínimas por ley ¿Para qué ofrecer 1000 euros al mes si con 600 vamos a cubrir igualmente el puesto? ¿Para qué ofrecer seis horas si podemos ofrecer ocho por el mismo precio? ¿Por qué no fuerzan a las empresas a aceptar las condiciones que le salgan de ahí a los demandantes? El escenario de futuro para los que algún día acabaremos la carrera es espeluznante (pero bueno, siempre quedará la política) Eh, un momento. Los del PP no son tontos (ejem). Esta reforma conlleva importantes ventajas para sus intereses, o qué te creías: 1 El número de afiliados al INEM, que es el número oficial de parados en Estepaís, descenderá, porque la gente rehusará afiliarse, no sea que les obliguen a limpiar alcantarillas doce horas al día por el salario mínimo. Para la historia quedará escrito que la reforma laboral del 2002 consiguió rebajar el paro en Estepaís. 2 Todas las personas que no entren en el INEM se irán derechitas a las ETTs. En una ETT pagan menos (que es lo que cuenta para el empresario), pero no obligan a nada. 3 Dado que las empresas se ajustarán estrechamente a los márgenes legales en las condiciones de sus ofertas, el gobierno tendrá un mayor control sobre el trabajo en Estepaís. 4 Los jóvenes que desconocen los valores constitucionales y democráticos, aquellos que se drogan los fines de semana en plena calle, que desprecian y/o ignoran el valor del esfuerzo, que no van al fútbol ni a los toros, que no vieron Eurovisión, que no respetan la virtud de la virginidad, que no se afeitan ni tiñen de rubio platino, que no llevan polo ni náuticos... estos se van a joder pero bien.
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06:45
28.5.02
El hombre que fumaba en la pescadería
-Qué asco -exclamó el autor, y no quiso seguir escribiendo.
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20:11
DULCE OLIVIA -Qué tristeza.
BERNARDO (apuro, súplica) -No diga eso, señorita. Es mi vida.
extraído de The Cinema Script That I'll Never Write
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04:30
24.5.02
La mejor oferta de yogures que podrás encontrar
Paco paseaba por entre los arcones congeladores y las neveras de yogures, buscando algo desnatado, con frutas y que no fuera escandalosamente caro. Llovía al otro lado de la amplia cristalera (toque literario). Justo encima de los Feiraco con frutas estaban los humildes Larsa de chocolate. Ah, los ChocoLarsa, que iluminaron generaciones enteras en sus mejores tiempos. Ahora eran unos yogures más, anticuados, camuflados, esperando a los nostálgicos para salir de aquel estante. Paco, como buen nostálgico, forzó la conclusión de que si iba a comprar yogures e iba a comprar chocolate, más le valdría comprar yogures de chocolate. Cogió un pack, cuatro yogures, sólo para ver la fecha de caducidad. El 28. Si estamos a jueves veintitrés, el veintiocho es el lunes, tengo el fin de semana para comerme cuatro yogures, pensó Paco ¿Cuatro? Alzó la cabeza para comprobar que la etiqueta del precio en el canto del estante indicaba claramente, Yogur Chocolate ChocoLarsa - 42 pesetas - 0'25 euros. El precio estaba marcado por unidad. Debía ser el primer caso de yogures en pack a la venta individualmente desde hacía ocho años. Sin embargo, no había un solo pack roto. Paco se estremeció ante el recuerdo de la Gran Represión, precisamente cuando los yogures empezaron a cobrarse en pack, cuando llegaron al país las multinacionales de la alimentación, con sus máquinas, sus robots, sus costumbres extranjeras, sus códigos de barras incapaces de procesar medio artículo. Los extraños impusieron la Gran Represión cuando se dieron cuenta de que en este país la gente compraba los yogures por unidad, y no por pack. Bárbaros de nosotros, pensó Paco, rompíamos los packs, a la vista de todo el mundo, sin avergonzarnos por ello. Hasta que al llegar a la caja, la cajera miraba al malhechor con el ceño fruncido (segundo toque literario) y le advertía de que no se podía llevar así los yogures, que no se podían romper los packs, que si no había leido el cartel, qué cartel, el cartel que nos hemos molestado en poner mil veces por todo el supermercado, ah, ¿no lo ha visto? aquí hay uno, mire, no, no lo había visto, lo siento. Paco no creía que las víctimas de la Gran Represión fueran los consumidores, aprendimos por fin a leer los carteles, pensaba, sino los miles, los millones de yogures que quedaron en el limbo. Porque la cajera no dejaba llevarse el yogur si no se iba a por los que completaran el pack. Y el consumidor, herido en su orgullo, prefería dejar el yogur en la caja, arrinconado. Por supuesto, los reponedores lo volvían a colocar, pero ya eran yogures maltrechos, rotos. Daban mala impresión y, además, como ya estaban separados de los packs, la gente se los llevaba tal cual para provocar otra amonestación de la cajera. Así que luego proliferaron los carteles, llévese los yogures de cuatro en cuatro, pero si era cuestión de llevarse los yogures de cuatro en cuatro, nadie iba a llevarlos sueltos si ya había packs de cuatro. Aquellos yogures rotos acabaron olvidados, caducados, en los contenedores que ningún niño filipino merodea en este país, al contrario que en las Filipinas. Así que, decíamos, Paco recordó la Gran Represión y, a pesar de que el precio estaba claramente indicado por unidad, decidió llevarse un pack, cuatro yogures, quinientas calorías, con su envase de chambourcy pasado de moda, con el feo y entrañable dibujo de una tableta de chocolate sobre fondo blanco. Cuatro unidades para un fin de semana, aunque Paco se hubiera equivocado y caducaran el martes, no el lunes. El resto poco interés tiene para nuestra historia, pagó con tarjeta, se le atascó la taquilla donde había guardado su pesada mochila, llegó a casa agotado por el esfuerzo, se metió en la cama y durmió el resto de la tarde y toda la noche, a tiempo de desayunar un yogur ChocoLarsa, que, por cierto, no son yogures sino preparados lácteos y creo que ni eso, antes de volver al curso de Rhino que le chupaba la vida. Y entonces, todavía en la cabeza un sueño sobre una película sobre un dictador sudamericano que rendía culto a la muerte llamada Bovir, legañas, mal sabor de boca, tuvo Paco la clarividencia de relacionar conceptos mientras escarbaba en el fondo del yogur, y de buscar el ticket de compra dentro de la bolsa -bendita manía de no deshacer las bolsas, las gambas congeladas se habían descongelado- para comprobar que los ChocoLarsa eran en verdad una anomalía tal, un resto de un pasado de bárbaras costumbres, que en el ticket, verdadera obra poética que no vamos a transcribir pero que empezaba por un ** SUPERMERCADOS GADIS ** aparecía claramente Yog.Choc.Larsa en la columna de la izquierda, y a su derecha, 0'25. Sólo le habían cobrado una unidad. 4x1, dicho en términos mercadotécnicos, la mejor oferta de yogures que podría encontrar. Y se propuso comer, a partir de entonces, cuatro yogures cada semana, sin importar las calorías, en parte como homenaje al pasado, en parte por esa íntima placentera sensación de robar al poderoso, en parte porque los ChocoLarsa están todavía muy ricos.
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19:32
(Estos días ando apresurado. Camino mirando al frente. Tengo un curso de Rhino todas las mañanas de 9 a 2 que me está chupando la vida; me falta tiempo para comer, para dormir, para ir a clase, para ir al supermercado. Hacía años, desde el instituto, que no tenía un compromiso espaciotemporal tan exigente. Tal vez el sábado pueda hacer algo por esta web. Hasta entonces)
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07:04
22.5.02
(extraído del diario El Progreso de Lugo)
La maletera Merceditas aún recuerda sus noches de espera del tren A Coruña-Barcelona
Muy pocos conocerán a esta mujer por su verdadero nombre: Mercedes Expósito López. Sin embargo, muchos la recordarán ayudando a los viajeros a transportar sus maletas tanto en la estación de tren como en la terminal de autobuses de Lugo. Mercediñas, como la llaman cariñosamente las monjas andaluzas de las Hermanas de la Cruz, fue uno de los personajes más populares de Lugo. Con 86 años, problemas de salud y sin familia se encuentra ahora en la residencia de ancianas que regenta esta congregación en la capital lucense y donde narra a las hermanas y al resto de las internas las peripecias de una vida al borde de la mendicidad. (...)
¿Cómo enfrentarse a esta noticia? Acabo de leer la crónica de Oriente Próximo, las peleas de los sindicatos con Chema, los problemas del tráfico en Lugo. Todo ello se desvanece ante la enternecedoramente patética imagen de esta vieja que mira a la cámara con desconfianza, y, por supuesto, el rotundo titular: La maletera Merceditas aún recuerda sus noches de espera del tren A Coruña-Barcelona. Una mujer que se pasó la vida encerrada en un pequeño universo -la estación de tren, las calles adyacentes, una pequeña habitación llena de mierda-, que renunció a una familia, a una vida normal, por no renunciar a este universo. Tal vez mi padre se acuerde de una vieja loca que se le aparecía en la estación de tren de Lugo para cogerle las maletas cuando volvía de sus visitas al ministerio en Madrid. Tal vez esa vieja, Merceditas, que no aceptaba dinero por su absurda tarea, asustara a mucha gente en el medio siglo que pasó esperando al Shangai. Años, levantándose todos los días antes del amanecer, vistiéndose con la misma ropa maloliente, caminando lentamente hasta la estación cuando la ciudad aún duerme, esperando unos minutos al tren, abordando a los viajeros para que le den las maletas. Quizá hace cuarenta años se le pasó a Merceditas una sombra de pensamiento, brevemente: "lo que hago no sirve para nada", pero no alcanzó ni a planteárselo; llegaba el tren. A trabajar.
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03:17
19.5.02
Crema de lechuga
Ingredientes: -una lechuga -una patata grande o dos pequeñas -un yogur natural (cuanto más ácido mejor, el idóneo es el Larsa) -puré de patatas en copos a mano por si las moscas -aceite de oliva, sal, pimienta, agua, etc.
Preparación: Corta las patatas en finas láminas y fríelas a fuego desesperadamente lento en el aceite de oliva necesario para cubrirlas, hasta que estén blandas y no puedas darles la vuelta con el tenedor porque se rompen. Quítale el tallo a la lechuga recortando un cono alrededor. Mordisquea el tierno y cruiente cogollo que quedará en la punta del cono. Corta la lechuga en juliana y disfruta de esa agradable sensación, comparable a meter la mano en el cubo de las lentejas. Cuece la lechuga en suficiente agua hirviendo como para cubrirla, durante diez minutos. Sí, ahora huele a rayos. Escurre parte del agua, y aquí es donde te la juegas: si al final queda espeso habrá que añadir más agua, y si queda líquido habrá que espesar con el puré de patatas en copos. Yo calcularía que debes deshechar dos terceras partes del líquido. Vuelca el contenido de la sartén, patatas y aceite, en la olla. Añade la sal y algo de pimienta. Y por encima de todo ello echa el yogur. Si el resultado te parece asqueroso recuerda la primera vez que te contaron cómo se hacían los niños. Saca tu batidora del armario y límpiale el polvo, la vas a estrenar. Bate todo. Si ves que está suficientemente espeso como para que la cuchilla de la batidora no gire, y aquello empiece a oler a quemado, échale agua, y si está demasiado líquido como para que las salpicaduras lleguen al salón échale unas cucharaditas de puré. Deleitate contemplando el resultado: esa crema verde, muy clara, con pintitas verde oscuro ¿Estará rica? Pues si limpias la cocina con la lengua lo comprobarás, que has dejado esto como si hubieran empalado a un alien. También puedes lamer la batidora, pero ten en cuenta que la lengua tarda meses en cicatrizar de un corte como el que te harías. Así que prepara platos, cucharas, pan...
Truquis Lo del puré de patatas es de hecho un truco, porque la gente suele usar harina. Si al agua hirviendo le echas un cubito de caldo la cosa puede mejorar. Si el yogur es una mariconada de éstas de Danone que no saben a nada, puedes echar el jugo de medio limón al final. Si, como me ha pasado esta noche, tenías restos de sopa de ayer, ya puedes reciclarlos, así como esas verduras raras que no sabes cuándo las compraste (¿qué es esto: una espinaca o una acelga?), pero no te pases. Si pruebas a hacer torreznos, labor tediosa y ridícula a mi juicio, mándame un mail arrepintiéndote. Para decorar el plato puedes usar ramas de perejil, antes de mandarme otro mail de contrición. Esta receta da para seis platos dignos, para cuatro platos alimenticios, para ochenta y dos platos de nouvelle cuisine, y, mezclado con agua fangosa, para tres mil cuatrocientos sesenta y tres platos sudaneses.
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05:48
18.5.02
La alergia se describió por primera vez a principios del siglo XX, y sus mecanismos en 1921. Ayer oí por la radio una curiosa teoría: si la alergia es una hiperreacción a aspectos del ambiente para los que nuestros genes no están predispuestos, la alergia sería de hecho nuestro estado natural. Miles de generaciones desde nuestros viejos etíopes han conseguido que no seamos alérgicos al pollo, ni al cerdo, ni al agua del mar, ni al aire húmedo, ni a todas aquellas cosas que más o menos podemos considerar naturales. Sin embargo, ésta es otra de las muchas balanzas que se han desequilibrado con la llegada de la contaminación (qué gran invento). La alergia se descubrió en plena segunda revolución industrial, y no ha hecho más que crecer hasta hoy. Y lo que te rondaré, morena. Se considera que la incidencia mundial del asma, por ejemplo, se ha duplicado en los últimos treinta años, hasta situar al 6% de la población adulta y al 10% de la población infantil en un trance que, recordémoslo, ¡ni siquiera existía hace doscientos años! Ahora bien: ¿es esto malo? Considerándolo desde parámetros economicistas, no necesariamente. La alergia crea necesidades antes desconocidas: inhaladores, pastillas, pomadas, servicios médicos. Los afectados recurrirán a estos productos para recuperar una situación vital normal, pagando a las empresas farmacéuticas por ello. Esto quiere decir que para estar en condiciones normales una persona con alergia debe gastar dinero y una sin alergia no. Por lo tanto, la alergia contribuye a la creación de riqueza. Como la guerra, o Operación Triunfo. Viva la Creación de Riqueza.
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15:38
17.5.02
Para qué devanarse las meninges. Hay días en que uno no tiene fuerzas para intentar mejorar lo presente. Otros lo han hecho demasiado bien:
Sólo un minuto, o quizá no tanto, reposó José sobre el cuerpo de María. Mientras ella se bajaba la túnica y se cubría con la sábana, tapándose después la cara con el antebrazo, él, de pie en medio de la casa, con las manos levantadas, mirando al techo, pronunció aquella oración, terrible sobre todas, a los hombres reservada, Alabado seas tú, Señor, nuestro Dios, rey del universo, por no haberme hecho mujer.
José Saramago - El Evangelio según Jesucristo
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00:09
16.5.02
Gripe. Mocos verdes, sábanas sudadas, zumo de naranja, tele en la cama, mal sabor de boca, dolor de nuca, ordenador apagado, amigos dispuestos a hacer favores, desinterés, despertador apagado. He llamado a mi tía Elena por teléfono. Se ha interesado por conocer el origen de la gripe. Pudo ser el viaje a Madrid el fin de semana(¿cuánto tarda en incubarse una gripe?), o pudo ser alguien de clase, o pudieron ser Laura y Tania, que vinieron ayer a cenar. Es curioso, porque puedo elaborar una teoría bastante coherente: vine de Madrid en un bus que en vez de abrir las ventanas pone aire acondicionado (viva la hipertecnología, vivan los ratones sin bola). Ahí cogí el virus, que se vio libre de actuar cuando me forré de pomada antiestamínica para la alergia que me había atacado en Madrid (como sabes, estas cosas destrozan las defensas). Podría indagar en el origen de la alergia: ¿tal vez el polen de los arbolitos de la ciudad universitaria? ¿tal vez alguno de los restaurantes étnicos en los que tuvimos a bien comer? ¿tal vez las sábanas de la casa de Cogollo? ¿su ducha? ¿el agua? ¿el aire? ¿el éter? Me vuelvo a cama.
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04:08
14.5.02
Qué fría noche de lunes. Qué cansina y aprovechada. Tengo una ventana abierta, pero prefiero disfrutar del aire mojado a envolverme entre las mantas. Y terminar -por fin, aleluya- la web para goce y disfrute de pocos. Me duele la garganta. Mañana tengo invitados a cenar, me pasaré el día limpiando la casa. Hay que lograr ese toque pulcro-descuidado; friega hasta el último rincón, que reluzca toda la casa, pero que no se note que has pasado el día de limpieza, sino que es su estado habitual. Esto se consigue con un calcetín por aquí, un cenicero con un par de colillas allá, una cama medio hecha. Una cama medio hecha que me llama... me llama... paco... paco... ven a mí, te acogeré cuan madre y amante...
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04:59
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