12/5/2002 07:54:20 PM|||paaq|||El transporte marítimo mueve cada año unas mil millones de toneladas de petróleo y derivados, repartidas entre los 7.030 petroleros que surcan las aguas de los cinco continentes con una edad media de 18 años. Quien tenga un poco de responsabilidad en el asunto sabe que cada cierto tiempo uno de estos petroleros se rompe. Y aproximadamente la mitad de los petroleros rotos se rompe cerca de alguna costa cuyos habitantes tengan voz para quejarse, como ha sucedido estos días. La marea negra del Prestige ha dado la vuelta al mundo en imágenes, pero el desastre de este tipo más importante de la historia sucedió en Irak hace trece años, en plena guerra. Y nadie se enteró.
En 1989, el Exxon Valdez embarrancó en las costas de Alaska, vertiendo unas 50.000 toneladas de crudo en una zona de díficil acceso y crucial valor ecológico. Fue la mayor marea negra que había sufrido EEUU, por lo que obtuvo una gran repercusión mundial. Por aquellos tiempos, las multinacionales petroleras como Exxon poseían las dos terceras partes de la flota petrolera mundial; tenían los medios para incrementar la carga y la calidad de sus transportes e incorporar los últimos avances en seguridad a sus barcos. Pero el Valdez se rompió y la multa impuesta a Exxon por Estados Unidos, más de 6.200 millones de dólares, provocó que las petroleras se replantearan su política de integración vertical. Hoy en día, el 70% de los buques petroleros son la única propiedad de pequeñas empresas que forman una maraña legal que se blinda ante los accidentes. En el caso del Prestige, está claro: bandera bahameña, dueño griego, armador ruso (¿o al revés? Da igual). Las responsabilidades civiles deben ser recurridas ante tribunales de cuatro o cinco países en tres continentes, mientras los responsables cierran sus respectivas empresas, escapan y montan otras.
La industria petrolera mundial admite que hay accidentes. Y admite que cada 15 meses, más o menos, se produce uno. Y por ello existe el Fondo Internacional de Compensación por la Contaminación Petrolera, con cuyo presidente se reunió Mariano Rajoy el pasado lunes. La mera existencia de una mutua como ésta es un freno a la seguridad marítima: cada barco paga una cuota anual y se despreocupa de un posible vertido.
Quería contrastar esta visión empresarial del problema con la visión social que todos podemos comprobar en los medios de comunicación: 20.000 familias sin trabajo, miles de voluntarios arrancando fuel con sus manos, la totalidad de las costas de La Coruña y Pontevedra devastadas, la casi totalidad de la producción marisquera desaparecida, el resto despreciado por los mercados, la catástrofe ecológica. Noto que existe una cierta descoordinación entre la visión global del capitalismo y las consecuencias reales de sus actos: el Prestige con su carga valía 190 millones de euros, pero la suma de las indemnizaciones, el valor de la actividad productiva perdida, la labor no remunerada de marineros y voluntarios, alcanzan sumas mucho más altas, por supuesto. Las manos de los voluntarios, el conjunto de los españoles a través de su Estado y el ya mencionado Fondo Internacional han efectuado una transacción involuntaria: pagarán por 20.000 toneladas de fuel inútil mezclado con arena y agua, cinco veces más caro de lo que les costaría comprarlo en buen estado.|||85549758|||