12/10/2002 07:23:54 PM|||paaq|||El África sobre la que escribo no está habitada por gente sin voz. Crecí escuchando en mi comunidad un lenguaje que a veces era maravilloso, y siempre eficiente. Nunca escuché los gruñidos y los bramidos que se supone que los salvajes usan como lenguaje. Así que escribí lo que escuchaba. Al ir creciendo, me di cuenta de que tenía que explicar a los salvajes que me encontraba en las novelas europeas sobre África, de autores como Ryder Haggard y Joseph Conrad. ¿Eran esos personajes extraños (feos, apenas reconocibles como seres humanos) representativos de la gente de mi aldea, de la gente que yo conocía? La respuesta tenía que ser no.
Descubrí al escritor nigeriano Chinua Achebe cuando se le concedió el Premio de la Paz de la feria del libro de Francfort. Sus palabras, su labor por el acercamiento entre los pueblos me llegó al alma. Es cierto que la cultura depredadora de África, la occidental, jamás se ha planteado seriamente, no ha interiorizado, que los africanos son personas con cerebro, familia, sentimientos y cultura. Aceptar que cada una de los tres o cuatro millones de personas que van a morir de hambre en Etiopía este invierno tienen tanto derecho a ello como tú es el primer ladrillo en la construcción de un mundo mejor.
-Así que he ido a la biblioteca, he leído un libro del señor Achebe, y he descubierto por qué le han dado el premio de la paz y no el de literatura.
-No querrías encima que fuera buen escritor, no se puede tener todo.
-Ya... pero sigo sin conocer ningún buen escritor africano.
-Ey, yo soy africana.
-Pero tú no sabes escribir. Sólo eres...
-Sí, ya. Una manzana.|||85793329|||