11/17/2002 05:53:58 AM|||paaq|||Son las cuatro de la noche y un atasco colapsa el centro de Ferrol ¿El motivo? Una pelea. Desgraciadamente, me he acostado hace unos minutos, con lo que me pierdo los primeros compases, pero cuando me asomo a la ventana la cosa parece ser un típico cuatro contra dos, con el plus de las niñas gritando que paren. A juzgar por los gritos, el de jersei azul que está a puñetazos con uno que no se tiene en pie se llama Marino, y el que tiene agarrado al jevi por el pelo -me duele hasta a mí- se llama Carlocho. Los otros dos están alrededor, esperando su turno como los malos de las pelis de kung fu. Mi vecino de arriba está asomado a la ventana diciéndoles que viene la policía, en un acto que se me antoja absurdo (¿para qué se lo dice? ¿para que se vayan? ¿no quiere que la policía los pille in fraganti? ¿ha llamado a la policía para que cuando lleguen no vean nada? ¿por vocación informativa?). Y, oh sopa maravilla, viene la policía, que en los próximos minutos aparcará hasta tres coches y un furgón debajo de mi ventana. El bando de dos abandona el ring, y el de cuatro saca los carnets por orden de los señores agentes. El vecino de arriba grita que estaban pegando a dos chavales y -miente como un bellaco- que las niñas les estaban ayudando. Las niñas protestan. Los muchachos intentan convencer a los policías de que aquí no ha pasado nada, venga, si ya nos íbamos para casa. Y aparece de nuevo el bando derrotado, pero ahora -ojo al dato- ya son cuatro. Así que la igualdad, contra lo que creía Kissinger, propicia la guerra. Y la guerra se reanuda bajo la atenta mirada de la policía, que actúa como árbitro y como frustrado apaciguador. Entretanto, se han ido desplazando calle arriba; ya no les entiendo cuando pasa algún coche y no distingo muy bien. Pero creo que el Carlocho ha vuelto con el del pelo largo. La policía se va. Ya en la esquina de arriba, a unos sesenta metros, todos quedan hablando con cierta tensión.

Y cuando debería haber acabado la cosa, un Peugeot 106 blanco aparece en escena a unos cien kilómetros por hora, choca lateralmente contra el Mercedes que había aparcado debajo de mi ventana y se deja el retrovisor en el empeño, lo que no le hace detenerse, y desaparece calle arriba rozando a los de la pelea. Dos muchachas que lo han visto recogen el retrovisor y lo dejan encima del capó del Mercedes.

Y en ese momento, se impone el espíritu de redactor de aaiunea.net y me visto, salgo a la calle, recojo el retrovisor, lo meto en casa, y me encamino calle arriba por ver de cerca cómo continúa la cosa. Son las cuatro y media. Están hablando, en punto muerto, de éstos que pueden desembocar en cualquier cosa, pero lo más probable es que acaben todos abrazados. Me encuentro a Kiko un poco más adelante, de camino al Desván; él también lo ha visto todo. Así que me meto en casa, saco un par de fotos, me pongo a escribir este post... y entra en acción Edi. Un tipo de la banda del peludo que no había participado en la pelea y que tiene una potente voz de tenor que despierta a toda la calle. Y una fuerza de caballo. Emplea la cabeza de Carlocho para romper el cristal de un portal, y el jersei de Marino para barrer los cristales, con Marino dentro. Son las cinco y diez. Carlocho tiene la cara llena de sangre, una docena de muchachas sujetan a todos los contrincantes; Edi grita... no, declama, tiene una voz espectacular; Carlocho le amenaza a distancia blandiendo una valla de la obra. El peludo pone cara de "mira qué buen amigo tengo". Y aparece otra vez la policía. Pero, factor sorpresa, esta vez Edi y Carlocho escapan a todo correr, y la acción se desplaza fuera de mi campo. Oigo gritos hacia la Plaza de Armas. Son las cinco y veinte, pero bueno, no pienso irme a acostar todavía. El coche que está aparcado junto al Mercedes es de Aida, la novia de Carlocho (¿o de Marino?).

¿Qué tal un epílogo? Ahí va: bajo una segunda vez, a las cinco y media, para ver qué se cuece en la Plaza de Armas. Dejo una nota en el parabrisas del coche de Aida que dice la pelea de esta noche en www.aaiunea.net. Parecen todos más tranquilos, debe ser por la sangre, pero no veo a Edi. Me acerco hasta Amboage para que me dé el aire fresco en la cara. Y cuando vuelvo a casa, el Ford Escort blanco de Aida ha desaparecido. Espero que estés leyendo esto, y que estén todos bien. Lo de siempre, ya sabes.|||84647644|||