10/26/2002 01:03:07 AM|||paaq|||Nuestra corresponsal en Asturias nos envía su crónica del coloquio que Woody Allen mantuvo anteayer con estudiantes en el Teatro Jovellanos:
Mr. Allen apareció en el teatro Jovellanos después de la proyección de Manhattan saludando, gesticulando suavemente con la cabeza, sonriendo, agradeciendo. Agradecido a un público que aplaudía de pie, sin cesar, su sola presencia.
Después de un ligero problema con el aparato de traducción que mostró al Allen más espontáneo, Gonzalo Suárez comenzó con una introducción “cómica” que dejó al neoyorquino confundido, siempre dentro del papel de personaje cinematográfico (¿acaso no es siempre él quien se describe de una forma u otra en toda su filmografía?).
La visión de Woody Allen en directo es como observar una de sus películas concentrada en el escenario. Pequeño, sentado en una butaca, rodeado de archivos, archivos y más archivos que daban la sensación de engullir al actor-director en su asiento, contestó durante más de una hora a las preguntas del público asturiano. Preguntas que revelaron su faceta personal tanto como la profesional, ninguna a fondo y ninguna demasiado concreta. Quizás a Allen le faltó tiempo, quizás ganas, pero lo solucionó con una buena dosis de humor, respondiendo claramente en un inglés que incluso yo entendía casi a la perfección. Mi dedo se movió sin parar durante todo el "coloquio" (aún no entiendo muy bien a qué se refiere esa palabra) de un canal a otro, de la traducción en castellano, en un volumen muy bajo que también me permitía escuchar al propio Allen, a la inglesa, también en volumen bajo para escuchar la voz en castellano de quien preguntaba. Respuestas como Bergman es un tipo normal(como cuando nosotros decimos lo mismo de él), la vida para quien tiene suerte sólo es triste, o el sexo es lo que hace a uno vivir, hasta que llega la muerte acercaron un poco más las ideas del, como dijo Suárez, ante todo escritor, al público que aún no asimilaba muy bien que quien se encontraba ahí hablando, agradeciendo con un gesto de cabeza cada cumplido, era el mismo que minutos antes había visto en la pantalla de cine.
Con esa sensación de "he visto a Woody Allen durante más de una hora sentado a menos de veinte metros de mí y no me lo creo", sigo todavía ahora. Quizás algún día lo asimile, quizás no. Sólo sé que he estado ahí, he disfrutado, me he reído, he aprendido y tengo unas ganas increíbles de ver toda su filmografía.
Por supuesto, la despedida fue aún más emotiva que el recibimiento, aplausos de pie mientras él no dejaba de agradecer, agradecer y saludar. Esta vez yo también me levanté de mi asiento.
Pd. Mención especial para las dos traductoras, que hicieron perfectamente su trabajo y añadieron su buen humor al ya presente en el teatro.|||83529526|||