9/3/2002 03:12:44 PM|||paaq|||De la compenetración entre el alma y el paisaje
Caminando por el Paseo de las Acacias me di cuenta por un momento que ya estaba bien de todo, que quería vivir en un sitio como aquel, en un piso con vistas al parque, con una mujer y tres hijos y tal vez un perro. Levantarme a las ocho de lunes a viernes, comer por ahí de vez en cuando, llevar a los niños a los columpios y sacar al perro a fumarme un cigarrito a las once de la noche. Quería un coche familiar lleno de pañuelos de papel y una bicicleta polvorienta olvidada en el garaje. Armarios llenos de tiendas de campaña, sacos de dormir y demás cosas que nunca volvería a usar, platos por toda la casa Recuerdo de Granada regalo de amigos cabrones, hipoteca, sueldo mensual y pagas extraordinarias, domiciliaciones de gas, agua, luz, teléfono, televisión por cable, acostarse todas las noches a la misma hora con la misma persona, acudir a reuniones de padres, cenar fuera los sábados, visitar cada navidad a los abuelitos. Me di cuenta, en fin, de que me rendía, que ya estaba harto de luchar. No es más fácil vivir sin obligaciones, el mundo está diseñado para los padres de familia, y la rendición consiste en criar hijos y despedirse tácitamente de drogas y pornografía, de mochilas y motos. En esas estaba, que llegué a Atocha, me compré un bocadillo y me olvidé de todo. Ahora quería ser turista.|||81087614|||