7/19/2002 06:32:48 AM|||paaq|||Esta noche, déjame que te cuente una de las más extrañas manías de mi padre: Mirar el Pescado. La he podido comprobar hoy una vez más porque hemos ido hasta Carrefour para comprar un adaptador para el flamante reproductor mp3 que me he comprao (laralá laralá) y poder oír el musiqueo en el coche (más laralá). El caso es que es físicamente imposible acudir a uno de estos centros sin que mi padre se haga su paseo por la pescadería. La cosa comienza por un "vamos al fondo, que está lo-que-sea-que-venimos-a-comprar". Así que vamos. Y una vez allí mi padre se desvía se desvía hasta que establece contacto visual con el mostrador del pescado. Y allá va. A partir de ahora, más vale tener paciencia, porque recorrerá el mostrador de esquina a esquina sin hacer caso a la pescadera que regularmente le preguntará "¿quiere algo?", de las colas que atravesará o de los familiares tirándole de la manga de la camisa. Mira los precios, comentándolos entre dientes con los que había la última vez que Miró el Pescado "subiron moito os pescados baratos", el tamaño "sonche ben pequenos os mexillós", la frescura "teñen mal color, ¿eh?", las novedades "¿e de dónde saiu este peixe?" (del mar, papá), la procedencia "ay, chilenas chilenas...". Todas las tonterías, en fin, que mascullaría un amante del pescado, un pescatófilo o algo así ¡Pero es que mi padre no lo es! Nunca compra pescado ni marisco, no lo cocina, no pesca, no tiene pecera, no le gusta desaforadamente a la hora de comer. Sólo le gusta en el mostrador de una pescadería. Recuerdo de pequeño la aburridísima peregrinación anual, siempre en mitad de vacaciones, a la lonja de El Grove. Mi padre Miraba el Pescado, mi madre nos aguantaba a María y a mí para que no escapáramos. Nunca comprábamos nada. Bueno, recuerdo haber comprado una vez cerillas a un tipo que las vendía en la puerta. Es todo tan raro...|||79135737|||