6/19/2002 06:39:08 AM|||paaq|||La multiplicidad funcional de los objetos es un hecho relativamente reciente. Rodeados como estamos de radiodespertadores, de teléfonoagendas o de duchamasajes, conviene recordar un pasado en el que cada objeto tenía una función definida, y conceptuable de modo físico. Un objeto típico de principios del siglo xx es la tetera eléctrica. Servía, asombrosamente, para hacer té, y sus diseñadores tenían un trabajo fácil: combinar nuevas tecnologías (la electricidad) con necesidades (hacer té) derivadas de costumbres sociales fácilmente analizables. Hoy en día, un diseñador de Nokia se mueve en un mundo casi metafísico, conceptual. Sus proyectos no buscan la satisfacción de necesidades físicas (como hacer té), sino psicológicas; e incluso necesidades no perceptibles en la sociedad actual (¿quién habría pronosticado el éxito de internet hace diez años?). Por ello, los objetos diseñados necesitan cumplir con varias funciones de muchas maneras para satisfacer el mayor número de necesidades posible.
La multiplicidad de funciones ha sido una excusa que me he inventado esta mañana cuando esperaba al ascensor en la Escuela. Jorge dijo que qué raro que el ascensor sólo tuviera un botón. Es cierto. Los one button objects son cada vez más escasos, porque cada vez hay menos objetos que cumplan con una sola función. Pero el gran avance de las interfaces usuario-objeto (pantallas, botones) ha provocado que muchos diseñadores metan botones o pantallas donde no se necesitan. Se confunden la multiplicidad de botones con la multiplicidad de funciones, añadiendo de esta manera funciones inútiles al objeto. El ascensor tiene un botón, me temo, porque es un objeto suficientemente antiguo como para no usar un monitor en sus inicios.
Imaginemos que el ascensor se inventara hoy. Sin duda emplearía una pantalla táctil. Acerquémonos al ascensor recién inventado. La pantalla muestra un esquema del edificio y la situación actual del ascensor. También muestra algún letrero sobre el peligro de usar el aparato y tal vez un banner de publicidad. Varios iconos alineados: uno es el de opciones, lo reconocemos por la lista tras una representación icónica del ascensor, que aparece en programas informáticos; si lo pulsamos nos mostrará información sobre el ascensor (número de kilómetros recorridos, peso, peso medio transportado) y algunas opciones modificables (velocidad de apertura de puertas, velocidad y aceleración de recorrido). Al querer modificar la velocidad de apertura de puertas, nos pedirá un password. Claro, no puede ser que cualquiera vaya modificando las características de un aparato que usa todo el mundo. Así que volvemos a la pantalla inicial apretando la archiconocida flechita a la izquierda. Otro botón: mover el ascensor, reconocible porque el icono del ascensor aparece entre dos flechas. Este parece el que buscamos, ¿no? Lo pulsamos, y se abre una ventana de opciones: Está usted en el segundo piso, ¿a qué piso desea trasladar el ascensor? Un botón pone "al segundo", otro botón pone "a otro", junto a un formulario en el que se puede introducir el número. Pulsamos el botón del segundo, y se abre una ventana "¿está usted seguro?" Sí o no. Me imagino que muy poca gente pulsará el no, y nadie lo hará conscientemente. Pulsamos el sí. Vuelve la pantalla inicial, en la que vemos cómo baja el icono del ascensor hasta el piso en el que un macaco nos representa ¿Algo más? Vaya, hay otro botón, que muestra una puerta abriendose. Tal vez convenga pulsarlo si queremos entrar físicamente en el aparato. Le damos al botón y aparece una ventana "el ascensor está en el segundo piso, ¿desea abrir su puerta?" Sí o no. La puerta se abre. Entramos.
Hasta aquí hemos sustituido el botón exterior de un ascensor por nuestra moderna pantalla. Fuera del ascensor, sólo podemos desear una cosa: que acuda a nosotros. Pero una vez dentro tenemos muchas opciones: ir a qué piso, parar el ascensor, pulsar la alarma... en fin, desisto de inventarme un equivalente tan ridículo como el de arriba. Lo único que puedo anticipar son ascensores con internet. Al fin y al cabo, piensa que los ascensores son lo más parecido al metro.|||77920723|||