6/20/2002 01:14:46 AM|||paaq|||Decía ayer que los ascensores son lo más parecido al metro. El metro, que se inauguró en 1863 en Londres, es uno de los conceptos mejor desarrollados de la civilización occidental. Es barato, cómodo y comprensible. Y sin embargo, su interfaz de relación con el usuario no ha evolucionado en 70 años, desde que Harry Beck diseñó los planos del metro de Londres. Beck, que era electricista, se inspiró en los diagramas de circuitos que manejaba habitualmente para comprobar que al usuario no le interesa realmente la posición o distancia a la que se encuentre la estación. Así que sustituyó un mapa real de la ciudad sobre el que se superponían las vías por una traducción topológica en la que apenas se mostraban indicaciones estilizadas del río y las principales arterias y monumentos, y eran las líneas de colores, gracias a los modernos mecanismos de impresión a cuatricomía, y las estaciones marcadas con círculos blancos, las verdaderas protagonistas de la imagen. Las docenas de metros que hay en el planeta emplean aún hoy este sistema para sus mapas, y la misma estética de colores, logotipos, que conforma la interfaz de interacción con el usuario.

Al fin y al cabo, el metro no es más que una apretada y aislada red de vías ferroviarias, esto es, un tren. Pero poca gente relaciona fácilmente tren y metro. El metro es fácil, rápido y barato. El tren es incómodo, caro y lento. Yo mismo, que odio los autobuses, nunca monto en tren, ¡porque no lo entiendo! ¿Dónde está el mapa? ¿Por qué el billete no vale lo mismo todos los días? ¿Dónde meto el billete para entrar en el tren? ¿Por qué tengo que subir unas escaleras en vez de tener un andén a nivel del piso? ¿Dónde está el maletero? ¿Cómo sé dónde bajarme? ¿Dónde sentarme? ¿Por qué narices es más caro y lento que un autobús, si no tiene que respetar semáforos ni límites de velocidad en carretera? ¿Me puedo levantar? ¿Me puedo cambiar de asiento? ¿De vagón? Supongamos que quiero llegar a Cartagena, he preguntado al vendedor y me ha dado tres billetes con unas instrucciones que obviamente olvido a los dos minutos ¿Dónde me bajo? En una estación en algún páramo manchego, vale. Un sitio cuya única finalidad es que la gente espere al próximo tren ¿Por qué naranjas el guardia no me deja dormir las tres horas que faltan hasta mi tren? ¿Qué quiere que haga? ¿Pasear por los campos de trigo?

La densísima red de carreteras que cubre Europa nació durante el siglo xx sobre los antiguos caminos. A los estados les resultaba más barato hacer una carretera que una vía de tren, y sobre todo, en la carretera era el usuario el que ponía la máquina, mientras que las vías de tren debían ser equipadas con locomotoras y vagones. La industria automovilística crecía, Europa se reconstruía de una y otra guerra mundial gracias a las factorías de Fiat y Citroën (por enésima vez: la economía es antiecológica). Así, hoy tenemos autopistas de cuatro carriles que conectan las ciudades, y vías de un sólo carril que conectan regiones enteras. Es curioso: ahora sí es más cara una autopista que una vía ferroviaria. Y me encantaría subirme mañana a un tren que me dejara en Madrid en cuatro horas por menos de 25 euros. Pero lo único que puedo hacer es esperar a finales de julio, cuando por fin tenga coche.|||77954566|||